Opinión.. 

¡Paren el reloj! No quiero envejecer

Por la Lic. en Psicología Berenice Ruesjas.

Por  Lic. Berenice Ruesjas

Estoy segura que a todos les toca de cerca la palabra “envejecer”, ya sea porque están próximos a cumplirlo, porque tienen a alguien cercano que lo está transitando, o porque escuchan que llegar a viejo es problemático, y hasta temerosas frases como “¡Cuando seas viejo ya no podrás hacer nada!”. Podría pasar horas refiriendo todo lo que se dice y escucha de esto, pero ese no es el punto.

En tiempos como los de hoy donde es primordial vivir el presente a pleno, se suele condenar la llegada a la etapa del adulto mayor, considerándola como si fuese el fin de muchas oportunidades y posibilidades. Entonces el lema está puesto en “haz todo lo que sueñas hoy porque mañana será tarde”.

Por eso nuevamente me puse a pensar en esa necesidad, no de parar el tic tac del reloj, sino parar con los pensamientos negativos hacia esa etapa de la vida, que por más ciencia que exista, llegará. Y mejor ni hablar de que si llega y estamos molestos, enojados e incómodos, transitarla, se tornará un gran problema para nuestra salud emocional.

Muchas personas buscan de mil formas no envejecer, ya sea físicamente o psíquicamente, mi pregunta es ¿por qué luchar contra algo natural? Bueno, esto nos llevaría a hablar mucho de la sociedad, del crecimiento tecnológico, etc. Y puede ser muy aburrido. Así que pensé en que lo mejor sería aceptar que crecer, es parte del ciclo de la vida, y que la vitalidad que uno tiene de joven lógicamente ya no será la misma de grande, pero eso no significa que no podemos seguir a pleno.

Otro punto que pensé es ¿por qué centrarnos en todo lo negativo? Sabemos que a medida que avancen los años, el cuerpo, el rostro y el organismo no serán lo mismo, pero sí puedo cambiar la forma de mirarlo, de mirarme y de que la sociedad también contribuya en el cambio de la concepción de envejecer, para que esa etapa termine siendo la mejor de todas.

Seguramente se estarán preguntando ¿cómo lo hacemos? Empezando por uno mismo, por no tomarlo como una condena, sino como una posibilidad de aprendizaje, no pensar que todo termina, porque las oportunidades las crea uno mismo. Es una etapa diferente, y aprender a realizar actividades o entretenimientos nuevos es parte de ella, descubrir otras maneras de vincularnos socialmente, y de no dejar de hacer lo que uno desea porque no hay impedimento más que el propio.

En esto también entra en juego el resto de las personas que no están en esta etapa. Se hace necesario cambiar su forma de mirarla y mirar a las personas que la transitan. Muchos niños o adolescentes no saben vincularse con sus abuelos, pero no por el hecho de que no manejen el celular o no conozcan de los videojuegos, sino porque como padres, como tíos o referentes, no los acompañamos en la construcción de ese vínculo. ¡Y no saben lo importante y nutritivo que es para ambas partes!

Hago una pausa y también reflexiono sobre la manera en que como adulto responsable asumo el concepto de envejecer y lo transmito a las personas que tengo cerca. Ese impacto también explica cómo van a vincularse mis hijos, mis sobrinos, mis alumnos, etc., con esas personas que son más grandes. Así que es tarea de todos aprender a mirar esta etapa de forma positiva y cambiar esa mirada tan negativa y hasta condenatoria.

Para cerrar tomaré prestado ese proverbio, que no tiene ánimos de ofender a nadie, pero que explica mucho todo esto. “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Entonces nada más importante que el conocimiento de nuestros adultos mayores para acompañarnos a niños, jóvenes y adultos en nuestro crecimiento. Nuestra tarea es hacerlos parte de todo el ciclo vital, evitando hacerlos sentir inútiles o que tengan miedo de llegar a ese momento porque ellos son tan importantes como lo fueron cuando nos criaron, nos cuidaron y aún están a tiempo de hacerlo.

Berenice Ruesjas

Lic. en Psicología MP 330

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