Los expertos diferencian dos conceptos que suelen confundirse. La hinchazón del abdomen es la sensación subjetiva de presión, pesadez o plenitud. La distensión abdominal, en cambio, implica un aumento visible del tamaño del abdomen. Aunque muchas veces aparecen juntas, no siempre sucede así.
Según estudios recientes, cerca del 40% de la población experimenta estos síntomas alguna vez en su vida. Son más frecuentes en mujeres, personas mayores de 40 años y pacientes con trastornos digestivos funcionales.
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La hinchazón también puede ser causada por el estreñimiento.
Nuevas guías internacionales y centros médicos de referencia como Harvard Medical School y Mayo Clinic coinciden en que el problema no se explica únicamente por la acumulación de gases. Detrás de estos síntomas intervienen mecanismos digestivos, neurológicos y musculares mucho más complejos.
El intestino y el cerebro: una conexión clave
Durante años se creyó que la causa principal era el exceso de gas intestinal. Sin embargo, investigaciones actuales muestran que muchas personas presentan una “hipersensibilidad visceral”: el intestino reacciona de manera exagerada frente a estímulos normales.
En términos simples, cantidades habituales de gas o movimientos digestivos que para algunas personas pasan inadvertidos pueden generar dolor, presión o sensación de expansión abdominal en otras.
Cuáles son los hábitos saludables que recomiendan los expertos.
A esto se suma el llamado eje intestino-cerebro, una compleja red de comunicación entre el sistema digestivo y el sistema nervioso. El estrés, la ansiedad, la falta de sueño o períodos prolongados de tensión emocional pueden intensificar los síntomas, incluso sin existir una lesión orgánica detectable.
Los especialistas comparan este fenómeno con una alarma demasiado sensible: aunque el estímulo sea pequeño, el organismo responde como si enfrentara una amenaza importante.
Las causas más frecuentes
La hinchazón abdominal suele tener múltiples causas al mismo tiempo. Entre las más comunes aparecen:
* Estreñimiento crónico.
* Tránsito intestinal lento.
* Síndrome del intestino irritable.
* Intolerancia a la lactosa.
* Sensibilidad a alimentos ricos en FODMAP.
* Disbiosis intestinal.
* Alteraciones del vaciamiento gástrico.
* Sobrecrecimiento bacteriano intestinal (SIBO).
* Trastornos musculares abdominales.
(Los FODMAP son carbohidratos fermentables presentes en alimentos cotidianos como cebolla, ajo, trigo, legumbres, manzana y algunos lácteos. En personas susceptibles, estos compuestos pueden generar fermentación excesiva y producción de gases).
Sin embargo, los especialistas aclaran que no se trata de alimentos “malos”, sino de respuestas individuales del organismo.
También existen enfermedades que pueden confundirse con una hinchazón funcional y requieren diagnóstico médico, como la enfermedad celíaca o la dispepsia funcional.
Cuando la distensión no se debe a gases
Uno de los hallazgos más recientes es la llamada “disinergia abdominofrénica”, una alteración en la coordinación entre el diafragma y la musculatura abdominal.
En condiciones normales, ambos grupos musculares trabajan de manera coordinada para contener adecuadamente el contenido intestinal. Pero en algunas personas el diafragma desciende mientras los músculos abdominales se relajan, provocando una expansión visible del abdomen aun sin exceso de gas.
Cuáles son las señales de alarma
Aunque la mayoría de los casos no requieren estudios invasivos, los expertos recomiendan consultar rápidamente si aparecen síntomas como:
* Pérdida de peso involuntaria.
* Sangre en las heces.
* Anemia.
* Fiebre persistente.
* Diarrea crónica.
* Vómitos recurrentes.
* Dolor nocturno intenso.
* Antecedentes familiares de cáncer gastrointestinal.
Tratamientos cada vez más personalizados
El enfoque actual busca abandonar las soluciones universales y adaptar el tratamiento a cada paciente.
Cuando predominan factores vinculados al eje intestino-cerebro, algunos tratamientos incluyen terapia cognitivo-conductual, neuromoduladores o técnicas de relajación.
Las nuevas recomendaciones internacionales coinciden en un punto central: la hinchazón abdominal no tiene una única causa ni una solución universal. Comprender el origen específico de los síntomas resulta clave para lograr tratamientos más efectivos y mejorar la calidad de vida de quienes conviven diariamente con este problema.
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