La instancia de tesis suele aparecer como uno de los momentos más desafiantes en carreras universitarias, tecnicaturas y posgrados. Para muchos estudiantes del NOA, la pregunta no es sólo cómo empezar, sino cómo sostener el proceso y llegar al final.
En diálogo con TodoJujuy, la profesora y mentora de tesis Fernanda Herrera advirtió que uno de los errores más frecuentes es pensar la tesis como un “trabajo más largo” dentro de la cursada.
“No es un parcial más extenso ni una monografía más grande. Es algo nuevo. Y todo lo nuevo asusta porque es desconocido”, señaló Fernanda. Ante esa primera barrera, Herrera recomienda un criterio clave: elegir un tema que realmente interese, porque el estudiante deberá convivir con él durante meses. “Mi gran recomendación es elegir un tema que guste, porque hay que sostener un proceso”, afirmó.
Volver a estudiar después de años: es posible: los casos de la profesora de Salta
La mentora explicó que una parte importante de su trabajo es acompañar a personas que dejaron pendiente la tesis durante largos períodos. “He tenido alumnas que estuvieron veintitrés años sin hacer la tesis y cuando decidieron hacerlo la terminaron en tres meses”, contó.
Para Herrera, la clave está en entender que el cerebro tiene neuroplasticidad, es decir, capacidad de readaptarse a un hábito de estudio incluso después de mucho tiempo. Recomienda una estrategia progresiva como reeducar la atención en bloques pequeños y evitar la ansiedad del rendimiento inmediato.
Técnica Pomodoro y estudio activo
Entre las herramientas mencionadas, Herrera destacó la técnica Pomodoro, muy utilizada tanto en el ámbito académico como en productividad laboral. Se trata de trabajar en bloques de 25 minutos de concentración + 5 minutos de pausa. Si el estudiante se distrae y corta el bloque, debe reiniciarlo. “Ahí uno se da cuenta cuán disperso es. Es reeducar el cerebro y el cuerpo para sostener 25 minutos de estudio”, explicó.
La especialista insistió en que el estudio debe ser activo, es decir, involucrar al estudiante con el material: subrayar, usar colores, armar cuadros o mapas, leer en voz alta, grabar y escuchar los textos o producir resúmenes propios. “Un estudio activo no es leer y dormirse arriba de la hoja”, remarcó.
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El uso de la inteligencia artificial: cómo sí y cómo no
La incorporación de herramientas de IA en rutinas de estudio es un tema central entre estudiantes del nivel superior. Herrera no plantea una prohibición, sino un criterio de uso. “Todas las herramientas pueden usarse de forma ética o no ética”, aseguró. Según explicó, la IA puede ser útil para acompañar el proceso, por ejemplo cuando el estudiante es auditivo y necesita escuchar un texto o comparar autores.
El riesgo aparece cuando se usa para reemplazar el pensamiento, perder criterio o copiar una tarea completa. “La lectura es necesaria antes, durante y después de pedir algo a la IA. El que tiene que pensar es uno”, sostuvo.
Evitar la hiperexigencia y la última hora
Otro problema habitual es asumir que se rinde mejor bajo presión y dejar todo para el final. “Creemos que a presión funcionamos, pero eso estresa al cerebro y trae consecuencias en la salud mental y física”, advirtió. Herrera propone dividir los contenidos en días y páginas, para llegar a las últimas jornadas sólo a repasar.
También sugiere evitar la hiperexigencia, que termina anulando tanto el disfrute del estudio como del tiempo libre.
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Recomendaciones de una profesora de Salta - Foto de archivo