La Chaya, un festejo que combina herencias de la cultura diaguita con las fechas del Carnaval.
Cada jornada de febrero, La Rioja se sumerge en un clima de celebración continua. A lo largo de toda la provincia, y especialmente en ciudades importantes como la capital y Chilecito, se desarrolla La Chaya, un festejo que combina herencias de la cultura diaguita con las fechas del Carnaval.
En los barrios con mayor tradición, se realiza la ceremonia inaugural conocida como el Primer Topamiento. En ese momento, la rutina de la siesta queda interrumpida y vecinos de todas las edades confluyen en las calles para participar del encuentro festivo.
Los diaguitas, antiguos pobladores originarios de la región, ya practicaban este ritual ancestral.
La celebración transforma a quienes participan en verdaderos lienzos blancos, cubiertos de harina, listos para sumergirse en los tradicionales patios chayeros. En esos espacios, vecinos y visitantes se reúnen a bailar, cantar y compartir comidas típicas, mientras disfrutan de bebidas locales. Se abre un momento de gratitud, esperanza y anhelo, una etapa ligera y desenfadada, perfecta para los primeros romances y coqueteos.
Cada jornada de febrero, La Rioja se sumerge en un clima de celebración continua.
Tradiciones y culturas
Bajo el arco chayero, una estructura elaborada con cañas y decorada con racimos de uvas, bolsitas de harina y vainas de algarrobo, hombres y mujeres se encuentran al ritmo de las cajas. En ese momento, expresan su gratitud al sol, a la luna y a la Pachamama.
“Es una fiesta agraria y religiosa, damos gracias a la tierra por los frutos que nos otorga. Se celebra en febrero porque es un mes de cosecha”, detalla Ramón Palacios, miembro del grupo Ramo de Albahaca de Chilecito, dedicado a preservar y difundir esta tradición. Palacios explica que trabajan con las escuelas, representando cada etapa de La Chaya para enseñar su significado.
Los diaguitas, antiguos pobladores originarios de la región, ya practicaban este ritual ancestral, que posteriormente fue incorporado por los incas. Con la llegada de los españoles, la tradición se transformó, incorporando elementos culturales europeos, especialmente influencias del catolicismo.
En los barrios con mayor tradición, se realiza la ceremonia inaugural conocida como el Primer Topamiento.
A lo largo del tiempo, cada civilización fue adaptando y reinterpretando La Chaya, hasta conformar la versión que conocemos hoy. Aunque en La Rioja se la celebra con mayor notoriedad, esta festividad también tiene presencia en otras provincias del noroeste argentino, como Jujuy y Catamarca.
El Primer Topamiento rememora el desentierro de Pujllay, una deidad vinculada a la alegría y el disfrute, representada simbólicamente mediante un muñeco de trapo que encarna la diversión de la celebración. El último domingo de febrero, la figura se vuelve a enterrar, marcando el cierre de la festividad. En años recientes, en algunos lugares se añadió la práctica de quemarlo, sumando un nuevo ritual al festejo.
“Nosotros empezamos el 31 de enero a la noche para no perder tiempo, porque febrero es corto”, comenta Ramón con una sonrisa. “De hecho, el 1 de febrero es el Día del Chayero”, aclara.
La celebración transforma a quienes participan en verdaderos lienzos blancos, cubiertos de harina, listos para sumergirse en los tradicionales patios chayeros.
¿Y por qué se festeja en febrero? Los diaguitas realizaban sus celebraciones en este período para honrar la cosecha del algarrobo, un árbol considerado sagrado por esa cultura. De sus frutos obtenían una harina color marrón que se empleaba en la gastronomía local, como en el patay, una especie de pan que todavía se prepara en La Rioja.
A partir de los frutos del algarrobo, también se preparaban bebidas tradicionales: la añapa, un refresco a base de agua y pulpa de algarroba, y la aloja, un líquido fermentado de origen ancestral. Estas recetas continúan integrando las celebraciones actuales de La Chaya.
¿Por qué se tira harina en la fiesta de la Chaya?
La fiesta de la Chaya, típica de La Rioja y otras provincias del norte argentino, tiene como tradición que los participantes se arrojen harina, agua y talco entre sí. Esta costumbre tiene varios orígenes simbólicos y culturales:
Celebración de la cosecha: La Chaya coincide con la época de la cosecha del maíz y otros productos agrícolas. Arrojar harina simboliza la fertilidad de la tierra y los frutos que brinda la naturaleza.
La Chaya, un festejo que combina herencias de la cultura diaguita con las fechas del Carnaval.
Ritual de purificación y alegría: La harina y el talco representan una forma de limpieza y renovación, y el acto de tirarla promueve un clima de juego, diversión y unión comunitaria.
Herencia cultural: La tradición mezcla elementos indígenas y coloniales. Para las comunidades originarias, los polvos eran usados en ceremonias de fertilidad y festejos, mientras que con la llegada de los españoles se integraron las celebraciones del Carnaval y de la cosecha.
En la práctica, hoy es una expresión de alegría colectiva, donde chicos y grandes participan en un ambiente de fiesta, música y baile, manteniendo viva una tradición histórica de más de 300 años.