La dinámica de las relaciones de pareja no es la estabilidad, por el contrario, multiplicidad de movimientos envuelven a las partes en distintas situaciones: algunas alegres, pasionales; otras tristes, cargadas de reproches y angustia. Ese vínculo, que en un comienzo goza de pureza y novedad, se profundiza y amplia con las otras experiencias, dando forma a un estilo de relación. Con el tiempo, convivencia, o no mediante, se va construyendo la unión, representada por atracciones y rechazos, gustos y disgustos, códigos que se van internalizando en la hechura relacional.
Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, elaboró una serie de categorías para comprender la dinámica relacional que se puede establecer en las parejas (según la personalidad, estilo de vida y origen de sus integrantes)
1 - Modelo estadístico
Las ideas previas de lo que debe ser una pareja son uno de los motivos de conflicto cuando no existe acuerdo. Cada uno de nosotros ha incorporado una imagen o representación basada en modelos culturales, sociales y morales. En algunos casos se someten a crítica, reflexión y modificación; en otros se incorporan como una verdad indiscutible: “así debe ser porque la mayoría lo hace de esa manera”. La justificación estadística de la mayoría no da lugar al cambio, es más, puede volverse una idea rígida para someter al otro.
2 - Modelo de complementariedad
Una idea muy difundida es aquella que considera que la pareja debe ser complementaria, especie de encastre entre dos piezas que se necesitan mutuamente para ser. La concepción de la “media naranja” fue el “anillo al dedo” del patriarcado, en cuyo seno de pergeñaron las leyes de la dominación masculina y la sumisión femenina. Cada uno de estos roles fijos tuvieron (y aún tienen) sus responsabilidades y acuerdos implícitos. La esencia de unión de pareja es la simetría, el concepto de complementariedad puede entenderse para la distribución de tareas, pero de ninguna manera significa la “naturaleza” de la unión.
3 - Modelo de simetría
Una pareja supone paridad entre las partes, igualdad más allá de los roles que cada uno desempeñe. La esencia, base de la relación, debe ser el respeto, acuerdo mutuo y capacidad para enfrentar las crisis sin modificar el sustrato igualitario. Sin embargo, este modelo que defiende la unión intersubjetiva, es decir de dos partes individuales que acuerdan estar juntos, en todo caso “dos naranjas separadas que deciden estar juntas” y no media que se une a la otra media, puede sufrir también el embate de los juegos de poder. Con solo recordar una película “La guerra de los Roses” para ilustrar este concepto. La “patología” de este modelo simétrico es la competencia entre las partes traducido en venganza o acciones cargadas de resentimiento (“te pago con la misma moneda”).
4 - Modelo de dependencia amorosa
En algunos casos estos patrones rígidos no presentan a la vista ningún conflicto, funcionan con una aparente “normalidad” y son ejemplo de “armonía”. A veces nunca surge ningún conflicto y la pareja vive feliz, en este caso no existe problema. Sin embargo, todo acto de sumisión, de complacer amorosamente al otro, encubre un reclamo. “Si yo te doy todo, si estoy en todo y te complazco, merezco lo mismo de vos”. Esta exigencia está presente en cada una de las acciones, es decir que el acto de complacer no es desinteresado ni gratuito, se espera que el otro responda estando siempre, y cuando el otro no puede cumplir, se lo hará saber, siempre en forma calma pero generadora de culpa.
5 - Modelo erótico sexual
En este modelo la cama sirve para calmar las tensiones del vínculo y es un fuerte enganche que mantiene a la pareja unida a pesar de las crisis que suceden fuera de ella. La cama no es un “ring” como veremos en el modelo siguiente, por el contrario, es un espacio de unión pasional que se nutre del fuego del conflicto. En ella, cada una de las partes “desnuda” el rol propio y ajeno, que pretende que aparezca en otras áreas de la relación: “romántico” “decidido”, “comunicativo”, “salvaje”, “efusivo”, etc.
6 -Modelo erótico sexual invertido
En la cama se comunica el displacer en forma de poder. Es una especie de venganza encubierta bajo un rol sexual. Suele suceder, en personas rencorosas, que esperan el momento del encuentro erótico para hacerle saber al otro su disconformidad. Las maneras más frecuentes son: “ahora no tengo ganas”, “me estás besando mal y no me gusta”, “te dije que no me toques ahí”, “se te bajó, entonces ya está”; “tomaste la pastilla y no avisaste”, etc.
¿Considerás que tu pareja funciona bajo las leyes de los modelos enumerados arriba?
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