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Netflix y la miniserie del caso Ashley Madison, que expuso millones de infidelidades

El servicio de streaming Netflix lanzó una serie corta que explora los entresijos del escándalo a nivel global que estalló en 2015. Los detalles.

Por  Redacción de TodoJujuy.com

“La vida es corta. Ten una aventura”. Así rezaba el mantra de Ashley Madison antes de que todo se desmoronara. El miércoles 15 de mayo, Netflix lanzó una miniserie sobre el icónico sitio de infidelidades, reviviendo memorias que legiones hubieran deseado sepultar.

La serie Ashley Madison: amorío, engaños y controversias retrocede en tres capítulos un escándalo vinculado al portal de encuentros para matrimonios más reconocido globalmente. A través de entrevistas, documentos históricos y dramatizaciones, ofrece un poco más. Nos basaremos en el título secundario de la serie limitada: "sexo, mentiras y escándalos". Empecemos por el primero. Ah, y una advertencia: este artículo contiene spoilers de la miniserie de Netflix.

Los temas que trata esta producción de Netflix

La historia cautivó a una gran cantidad de suscriptores en Netflix.

I: Sexo

Ashley Madison (AM) representaba el cenit digital de la infidelidad. Un refugio clandestino donde individuos compartían sus deseos secretos y que, en el mejor de los casos, actuaba como plataforma para realizar encuentros apasionados fuera de sus hogares.

Un individuo conocido como Darren Morgenstern lo estableció en 2001, durante el apogeo de la burbuja punto com, ese período comprendido entre 1997 y 2001 en el que los valores económicos de las compañías relacionadas con Internet aumentaron drásticamente.

Ashley Madison se sostenía mediante un sistema de créditos. A diferencia de aplicaciones de citas como Tinder u OkCupid, donde se requiere una suscripción premium, en AM el éxito se basaba en chatear, y para ello se necesitaba cargar créditos de forma constante, similar a los antiguos planes de telefonía móvil.

Para unirse a Ashley Madison, solo era necesario registrarse. Una vez dentro, uno se encontraba con la tríada sagrada: individuos, conversaciones, decepciones.

Biderman también fue arrastrado por el escándalo y rápidamente descartado como sospechoso.

Mediante una serie de representaciones visuales, la empresa presumía de ser altamente segura. Después de todo, su lema era: "Silencio y discreción". También proporcionaba un servicio de eliminación de datos impecable. Una situación beneficiosa para todas las partes, ya que ambas tenían mucho que perder.

El atractivo del sitio era innegable. Cuando ocurrió lo que ocurrió, todos los medios del mundo, especialmente los estadounidenses -AM tiene sede en Canadá-, cubrieron la noticia durante días.

Gracias a campañas de marketing extremadamente innovadoras, AM logró recaudar 100 millones de dólares al año. Lo que comenzó como un arriesgado proyecto en Estados Unidos, 15 años después se convirtió en una realidad en más de 45 países. Para 2015, el año del colapso, había alcanzado la impresionante cifra de 37 millones de usuarios registrados.

II: Mentiras

La principal preocupación de Ashley Madison era garantizar el anonimato de sus clientes. No obstante, el sitio web surgió en una era en la que la ciberseguridad apenas empezaba a ser considerada en la opinión pública.

Para 2015, la mayoría de los usuarios consideraba al CEO de la empresa, Noel Biderman, como una figura de confianza. El empresario se mostraba en todos los programas de televisión como un esposo leal, acompañado por su esposa, Amanda, quien respaldaba fervientemente a AM e incluso fue el rostro de la marca durante un tiempo.

Catry, quien figura en el documental, encontraba extraño que los hackers no solicitaran un rescate.

Además, los gráficos que certificaban la seguridad del sitio -más tarde se descubriría que habían sido creados con una herramienta de edición poco confiable- eran suficientes para calmar a los usuarios preocupados. AM parecía ser el negocio ideal; todo encajaba.

Dentro de la compañía, nadie prestaba demasiada atención a la posibilidad de un hackeo en AM. Aunque el tema les inquietaba, siempre lo veían como algo que podrían abordar más adelante.

“La promesa de seguridad no era algo real. Era algo que solo decíamos. Tener tan poca seguridad era llevarlo al límite. Para Noel se trataba de empujar los límites más y más. Era parte de su personalidad”, dice en la miniserie de Netflix Evan Back, ex vicepresidente de ventas de AM.

Ashley Madison sabía que tarde o temprano la bomba estallaría. Era consciente de que la seguridad de su plataforma era frágil y que en cualquier momento podría desencadenar un efecto dominó devastador en la vida de millones de personas.

Más tarde se descubriría que la seguridad del sitio había sido creados con una herramienta de edición poco confiable.

III: Escándalos

El 15 de julio de 2015, el portal de encuentros Ashley Madison sufrió un ataque informático.

Los detalles de millones de usuarios comprometidos estaban en peligro. Si se producía la filtración, sería la más monumental en la historia de Internet en este ámbito.

Un colectivo de hackers conocido como The Impact Team logró acceder a los sistemas informáticos de la empresa y dejó un mensaje en ellos: “Ashley Madison debe cerrar de inmediato y permanentemente. Hemos tomado control de los sistemas de oficina. Liberaremos los registros con sus secretos. Si no cierran su negocio vamos a hacer públicos a todos los que están en sus bases de datos”.

Ashley Madison se encontraba ante el ultimátum de cerrar sus operaciones en 30 días o enfrentar la publicación de los datos de sus millones de usuarios, su activo más valioso. Este fue el inicio de una angustiante cuenta regresiva.

Desde el día 30 en adelante, Biderman no flaqueó. Se esforzó constantemente por mantener el hackeo bajo control. Utilizó todos los recursos disponibles para contrarrestar el ciberataque, incluso contratando a dos expertos suecos, Joel Eriksson y André Catry, para liderar la defensa.

El 15 de julio de 2015, el portal de encuentros Ashley Madison sufrió un ataque informático.

Catry, quien figura en el documental, encontraba extraño que los hackers no solicitaran un rescate, lo que le llevó a cuestionar las supuestas "benevolentes" intenciones del CEO. ¿Podría ser que Biderman hubiera provocado el hackeo a propósito, en busca de publicidad, aunque fuera negativa?

¿Quiénes conformaban el Impact Team? ¿Era una sola persona o varios individuos? ¿Se trataba de un grupo religioso? ¿Un cliente resentido? ¿O tal vez Biderman mismo?

El principal y primer individuo bajo sospecha fue un ex contratista. Los expertos de Suecia determinaron que para infiltrarse en los sistemas de AM, los hackers utilizaron un programa diseñado exclusivamente para empleados, que estaba vinculado únicamente a esa persona.

Catry se reunió con el contratista, quien confesó haber cometido irregularidades en el sistema en el pasado, pero negó ser el responsable del hackeo que había puesto a AM en aprietos. Aunque Biderman le ofreció una suma considerable de dinero en secreto para obtener los datos, el contratista rechazó la oferta. No era el culpable.

Un colectivo de hackers conocido como The Impact Team logró acceder a los sistemas informáticos de la empresa.

Al mismo tiempo, Impact Team complicaba aún más las cosas para el CEO al informar a la prensa sobre la situación. En juego estaba su reputación y, lo más importante, millones y millones de dólares.

Los medios comenzaron a especular sobre quiénes podrían estar implicados en Ashley Madison y a hacer chistes al respecto. La conversación sobre este tema estaba presente en todos los programas y canales de televisión. Mientras la atención mediática aumentaba, en las oficinas de Ashley Madison reinaba la desesperación y la paranoia.

Los clientes llamaban constantemente para averiguar si sus parejas descubrirían su infidelidad, y los empleados de Ashley Madison no sabían cómo responderles. Nunca habían planeado revelar la identidad de sus usuarios y querían evitar el escándalo a toda costa. Sin embargo, estaban convencidos de que el ciberataque era real y desconocían cómo detenerlo.

Después de agotar todas las opciones, el tiempo se acabó. El conteo regresivo alcanzó su fin. La situación estalló.

El principal y primer individuo bajo sospecha fue un ex contratista.

En primer lugar, Impact Team reveló una lista resumida de nombres el 22 de julio. Luego, el 18 de agosto, más de un mes después del anuncio del ciberataque, se hizo pública toda la información de Ashley Madison. Esta incluía 20 GB de correos electrónicos, nombres, detalles de tarjetas de crédito, conversaciones de chat, perfiles y fantasías, como tríos, relaciones homosexuales ocultas y diversos fetiches.

Famosos y desconocidos, poderosos y modestos, creyentes e incrédulos. Como dice el refrán, que aquel que esté libre de culpa arroje la primera piedra, y 37 millones tuvieron que hacerlo a la fuerza.

Y como si eso fuera poco, Biderman también fue arrastrado por el escándalo y rápidamente descartado como sospechoso. Numerosos correos electrónicos confirmaban que este hombre que se presentaba como un caballero ante la prensa estaba solicitando a terceros servicios de acompañantes jóvenes de 18 o 19 años.

La cosa no terminó ahí. Eriksson y Catry determinaron que todo había sido una represalia dirigida personalmente contra Biderman, y regresaron a su país con un revés en su historial.

La policía de Toronto entró en acción y señaló directamente al Impact Team.

Seis días después del ciberataque, un lapso que fue suficiente para desmoronar familias e incluso provocar suicidios, la policía de Toronto entró en acción y señaló directamente al Impact Team. Con la colaboración de Biderman, la autoridad ofreció una recompensa de medio millón de dólares por información que llevara a la identificación del grupo responsable.

Sin embargo, los teléfonos permanecieron en silencio. No hubo noticias del Impact Team hasta que Joseph Cox, un periodista experto en ciberataques, logró contactar con ellos.

Cox se aventuró en la dark web y logró encontrar a un representante del grupo. Preguntado sobre el ataque, este miembro del Impact Team reveló que decidieron llevar a cabo la acción cuando notaron un aumento significativo en los registros en Ashley Madison.

“Este sitio está engañando a sus usuarios y estamos tratando de exponerlos”, le manifestó Impact Team en un chat. Estaban acusando a Biderman de fraude.

Los clientes que pagaban para que Ashley Madison eliminara sus datos habían sido engañados.

El Impact Team dejó en evidencia que los gráficos de seguridad presentados en la página web eran fraudulentos y que los clientes que pagaban para que Ashley Madison eliminara sus datos habían sido engañados.

La empresa obtenía beneficios de aquellos que optaban por esa alternativa, pero no eliminaba adecuadamente los datos. A cambio de 20 dólares (una suma que alcanzó los 2 millones en poco tiempo), sus detalles permanecían en el sistema, más por negligencia que por mala fe.

Y hay más. En medio del colapso de la compañía, una empleada de Gizmodo descubrió que la mayoría de los perfiles de mujeres registrados en el sitio eran falsos, es decir, bots. La dirección IP de la mayoría de estos perfiles femeninos llevaba a las oficinas de Ashley Madison.

En resumen, la mayoría abrumadora de los usuarios registrados eran hombres que engañaban a sus parejas con perfiles falsos que enviaban mensajes genéricos como si fueran mujeres.

Impact Team reveló una lista resumida de nombres el 22 de julio.

¿Y qué fue de todo esto? Biderman, quien no estuvo involucrado en el documental, abandonó la empresa después del escándalo de 2015. Según una fuente cercana a los responsables de la miniserie, ahora lleva una vida familiar y es un "buen esposo".

Aunque la identidad del Impact Team nunca fue revelada, los suecos afirman que fue alguien vinculado a la empresa.

Ocho individuos presentaron demandas contra Ashley Madison por prácticas fraudulentas, y la compañía acordó pagar 11 millones de dólares en compensación por los perjuicios causados. Actualmente, el sitio web de AM sigue en funcionamiento bajo el liderazgo de otro CEO, y los usuarios están más conscientes de lo que implica su uso.

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