Ganar el primer partido del año resultó históricamente complicado para el Barcelona. Al menos eso señala el último lustro: el gigante catalán no arranca un nuevo año con victoria desde el 2014, cuando venció al Elche por 4-0. Desde entonces sumó dos derrotas y dos empates entre partidos de Liga y Copa del Rey. Raro para un equipo acostumbrado a ganar (casi) siempre. Pero este 6 de enero le tocó escribir una historia distinta.

Después de un comienzo complicado en Madrid ante el fervoroso Getafe, Messi consiguió a los 20 minutos ganar el espacio que necesitaba en una pelota que parecía perdida en el área de Getafe. Él de alguna manera consiguió aparecer solo, dejar desairados al arquero y los defensores y poner el primer gol del partido. Para que el Barcelona fuera todavía más puntero de una Liga en la que el Real Madrid no deja de acumular tropezones.

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Messi hacía festejar otra vez al Barcelona. Como ya lo había hecho en 2016, 2017 y 2018, anotaba el primer gol del equipo catalán en el año. Y a partir de su gol, el equipo de Valverde encontró la tranquilidad que le había faltado en el primer tramo del partido.

Después de merodear un nuevo grito en un par de ocasiones -el arquero Soria le tapó una pelota increíble a Piqué-, Barcelona se apoyó en otra de sus estrellas para ampliar la diferencia. A los 39 minutos, Luis Suárez empalmó una volea espectacular y selló el segundo gol que parecía que empezaba a liquidar el partido.

Pero un poquito después Getafe encontró el premio a lo bueno que había generado en el comienzo del partido. Se juntaron sus delanteros para encontrar un hueco en la defensa del Barcelona: Ángel bajó un centro pasado y por el medio apareció Jaime Mata, que clavó el 2-1 con el que se fueron a los vestuarios después de un interesante primer tiempo.

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El gol de Mata, que le dio algo más de justicia al marcador, motivó al local e impidió que el Barcelona empezara a llevar el partido en piloto automático. Porque el Getafe dispuso de muy buenas chances para igualar y cambiar la historia, sobre todo a los 21 minutos, cuando Mata no pudo rematar con el arco vacío después de haber dejado fuera de acción a Ter Stegen.

Aunque algo discontinuo, Dembelé mostró con sus chispazos la velocidad para los contraataques, pero nunca lograron junto a Messi y Suárez que sus esfuerzos se cristalizaran en un nuevo gol. Lo mejor del Barcelona había estado en la contundencia de la primera mitad. Esa que le alcanzó para una nueva victoria y sacarle cinco puntos de ventaja al escolta, el Atlético de Madrid, y 10 al irregular Real Madrid de Santiago Solari. El primer capítulo de 2019, para los catalanes, fue otra vez de felicidad.

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