No era un día cualquiera para el PSG. Con todo lo que se había hablado desde la lesión de su figura, Neymar, se jugaba gran parte de la temporada y de su historia sin el brasileño. Debía dar vuelta un 3-1 en contra nada menos que contra el club más ganador de Europa, el Real Madrid, en el Parque de los Príncipes.

Tampoco era un choque cualquiera para Ángel Di María, hombre llamado a sustituir a Neymar, justamente ante un conjunto con el que conoció la gloria y del que se fue con polémica. No hubo lugar a la sorpresa y los franceses cayeron 2 a 1 por la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones de Europa. "Fideo" tuvo un buen primer tiempo pero se diluyó en el segundo.

El choque arrancó entretenido, con mucho ritmo y varias imprecisiones por las que se prestaban la pelota en la mitad del terreno. Real Madrid no se replegó y salió a presionar como si no tuviese la ventaja inicial del partido de ida, mientras que los locales mandaban a mucha gente al ataque cada vez que pasaban la mitad de cancha. Todo eso y la serie aún abierta hacía que el espectáculo no defraude.

Pero dicha diversión para el espectador no se traducía en situaciones de gol, lo entretenido pasaba por la expectativa. En ese rubro, fueron los de Madrid los que contaron con las mejores chances. A los 11' Ronaldo controló un pelotazo largo sobre la derecha del ataque, esperó a Benzema, la cedió y el francés remató con su pierna izquierda. Apareció Verrati para salvar con lo justo. A los 17' Sergio Ramos llegó a conectar un centro en medio de muchas piernas rivales y Alphonse Areola se lució.

La mejor para el conjunto merengue fue a los 37'. Marquinhos falló en un cierre sobre la derecha que terminó en los pies de Benzema. El nueve corrió mano a mano con Areola y el arquero tapó el disparo con su pierna izquierda de manera milagrosa.

¿Y para el PSG? Muy poco. Dentro de ello, Di María fue de lo mejor en la primera etapa, y hasta hizo amonestar a Mateo Kovacic con una rápida corrida. Una conexión entre Dani Alves y Mbappé terminó en córner antes de que el delantero pueda conectar. En otra jugada el argentino remató de derecha y Navas la contuvo abajo cuando entraba Cavani. Y la más clara la tuvo Mbappé, que desde un lugar muy cerrado obligó a Navas a desviar al córner su remate.

Sólo dos goles o una tarea imposible. Con esos conceptos debía salir al complemento el club parisino y elegir en cuál creer. Thiago Motta tuvo el primero desde el borde del área y la mandó muy arriba... Y entonces el segundo concepto fue el que terminó de imponerse en el estadio. Es que por algo el Real Madrid es el bicampeón de la Champions y dueño de las copas en Europa.

Primero Ronaldo avisó con un cabezazo y a los seis liquidó la serie con un nuevo gol para su impactante racha. Todo comenzó con un error de Dani Alves que perdió con Marco Asensio en mitad de cancha. El español corrió con todo PSG desarmado, la aguantó sobre la raya, cedió para Lucas Vázquez quien le pasó rápido y su centro terminó, cuándo no, en un cabezazo mortal del portugués. Todo casi casi terminado en París.

Todas las dificultades con las que se encontraba el PSG se incrementaron con la roja a Verrati. El italiano vio una doble amarilla y se fue muy enojado. Con tres goles por delante para igualar la serie y un jugador menos, lo del PSG parecía imposible. Pero el fútbol es el fútbol y siempre tiene sorpresas.

Ya con Pastore en cancha por Motta, el argentino le dio más juego y los locales se ilusionaron con el empate inesperado. Después de un centro que bajó Thiago Silva, Pastore cabeceó y una carambola terminó con Cavani empujando, sin ver dónde estaba, la pelota para el 1 a 1. Fue una ilusión óptica.

Porque se enojó el Real. Lo pudo liquidar con Benzema a los 29', pero definió mal un contragolpe en la que eran tres contra uno del equipo rival. Y a falta de diez para el cierre dio el golpe letal. Cristiano encabezó un ataque en el que sobraban camisetas blancas, abrió para Lucas Vázquez que centró y Rabiot despejó al medio. Casemiro remató, la pelota se desvió en Silva y se metió por arriba del arquero. Ya sí era un resultado imposible de remontar. El resto del tiempo fue un monólogo merengue.

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