Opinión.. 

Fútbol argentino: el marco, mejor que el cuadro

El Boca-River demostró, junto a muchos otros partidos, que el mayor atractivo del fútbol argentino de hoy es el hincha.

Por  Claudio Serra

Nuestros apasionantes torneos de fútbol siguen siendo atractivos, pero no tanto por lo que brindan los protagonistas dentro de la cancha, sino porque el espectáculo está afuera del campo de juego.

Que el más popular de los deportes dejó de ser un juego lúdico no es novedad. Que ganar es más importante que dar espectáculo tampoco. Pero ya desde hace un tiempo, el colorido que le ponen los hinchas a cada partido es lo más atractivo. La pasión indiscutida del futbolero promedio argentino, supera a todos en el mundo.

El Boca-River jugado recientemente avala la teoría de varios sobre que el espectáculo que brinda el simpatizante por momentos es lo único rescatable. A tal punto llega el fanatismo del simpatizante, que hasta se han vuelto hinchas de la hinchada. Los cánticos más ingeniosos y los recibimientos más impactantes, marcan la cúspide de la adrenalina de un domingo, sábado, viernes o cuando el desprolijo calendario lo marque. Porque tener certeza de cuando juega tu equipo, en Argentina es una quimera.

Y cuando describo este contexto de partidos mediocres y aburridos, no me refiero solo a la Liga Profesional. La segunda categoría, la Primera Nacional, donde Gimnasia se debate entre un partido bueno y tres malos, tiene a un holgado líder, Belgrano de Córdoba, que de la mano de una gloria Celeste como Farré destila pragmatismo.

El Pirata tiene atributos elogiables como mucho orden, entrega, contundencia e individualidades destacables, pero escaso brillo colectivo, eso que algunos les gusta llamar “jugar bien”, aunque personalmente prefiero llamarlo “jugar lindo”. Gana muy seguido, enamora casi nunca.

Claro que este concepto es solo para los que somos imparciales, porque los hinchas propios dirán que poco les importa la opinión del resto, cuando el premio mayor lo disfrutarán ellos: el ascenso. Y esta regla cabe para todos los hinchas, más allá que algunos marquen la falta de audacia o estética en el juego de los demás, pero no noten lo mismo cuando los logros son propios.

En definitiva, la belleza del juego es secundaria para los protagonistas, entiéndase jugadores, dirigentes e hinchas. Por lo menos no es duradera en el tiempo. Un caso testigo es el Gimnasia de Darío Franco, que trajo a Jujuy una propuesta audaz, ofensiva y con características que apuntan a la belleza.

Algunos buenos resultados y esa estética que por momentos logró, más la promoción de algunos chicos del club y la ilusión de un ascenso, hicieron que los hinchas apostaran y volvieran a la cancha. Pero como todo está ligado al resultado, la eliminación de la Copa Argentina y las derrotas en la Primera Nacional ponen en jaque un proceso que perdió crédito.

El máximo exponente del resultadismo, Carlos Bilardo, dice que ganar no es lo más importante, sino lo único. Para otros imparciales y una porción minoritaria de hinchas, el cómo se logra es vital. El análisis final de cualquier gestión se mide y valoriza en si los objetivos se cumplieron o no.

Hasta que en Argentina el fútbol siga siendo cuestión de “vida o muerte”, y marque el humor social, las urgencias por el resultado les ganarán a las buenas intenciones de dar espectáculos atractivos a propios y extraños. Por eso la verdadera atracción del fútbol argentino hoy está más en las tribunas que en el campo de juego. El marco sigue siendo, hace años, mejor que el cuadro.

Claudio Serra
Periodista
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