Lanús se quedó con el sabor amargo de la derrota postrera por 1 a 0 ante Gremio, en Porto Alegre, en la primera final de la Copa Libertadores, pero por el juego observado desde ambas partes, sus opciones de consagrarse campeón el próximo miércoles en La Fortaleza "granate" siguen siendo muy altas.

El fútbol de posesión parece desenfadado y por lo tanto las libertades podrían aflorar ante un menor apego a lo establecido, pero nada de esto es así ni para el Manchester City de Pep Guardiola ni para este Lanús de Jorge Almirón.

Todo está sujeto a un libreto, a movimientos preestablecidos y trabajados con rigurosidad, algo que se comprobaba hoy cuando algo resultaba equivocado en la construcción de juego "granate", porque hasta los propios suplentes gesticulaban no solamente marcando el error, sino registrando cual tendría que haber sido la acción correcta.

De esta manera se manejó Lanús desde el primer minuto hasta el último en el imponente Arena do Gremio, tal como había anticipado Almirón, no solamente practicando el juego que lo trajo hasta esta final, sino con todos los movimientos del rival aprendidos minuciosamente.

Por eso, más allá de defenderse con la pelota, dispuesto a no cometer los mismos errores que en los partidos como visitante frente a San Lorenzo y River Plate en las rondas previas, cuando se metió tan atrás que terminó perdiendo y dejando feas imágenes, esta vez Lanús salió a imponer lo suyo, y lo consiguió en gran medida.

Claro que para ello necesitó que Lautaro Acosta bajara con Ramiro y el uruguayo Alejandro Silva hiciera lo propio con Fernandinho.

Con esto el visitante bloqueó los costados del ataque de los anfitriones y evitó que la última línea "granate" pasara sobresaltos, mientras que en el ataque funcionaba el tándem José Luis Gómez-Silva por derecha, que terminaban en algunos centros que generaban peligro, como por ejemplo un gran cabezazo de Diego Braghieri (le acaron la tercera tarjeta amarilla y se perderá la revancha) que salvó Marcelo Grohe abajo.

En el segundo tiempo Gremio salió más decidido al ataque y Lanús ya no exigió tanto al arquero local, a la postre la figura del encuentro, como lo había hecho en el período inicial.

Sin embargo Lanús nunca arrió sus banderas, siguió manejándose con las mismas intenciones, aunque ya la posesión del balón, que le había sido en mayor porcentaje favorable en la etapa inicial, no lo fue tanto.

Sin embargo no parecía que el cero en su arco corriera riesgo a menos que se cometiera algún error, y esa falla llegó recién a los 37 minutos con una pelota frontal que encontró al paraguayo Rolando García Guerreño y a Braghieri adelantados, permitiéndole al ingresado Cícero Santos ganarles la espalda y rematar de aire, ingresando al área chica, para marcar la victoria "gaúcha".

La floja respuesta del arquero Esteban Andrada colaboró para el tanto de Gremio y a partir de allí se fueron sucediendo los arremolinamientos de los futbolistas de uno y otro equipo, impulsados por el muy deficiente arbitraje del chileno Julio Bascuñán.

El juez amonestó en el minuto final a Braghieri como para compensar la misma pena que en el primer tiempo le había aplicado al zaguero central ex San Lorenzo Walter Kannemman, que tampoco podrá estar en la revancha del miércoles en Lanús.

Y acto seguido hubo una infracción de García Guerreño al propio Cícero que fue un claro penal para Gremio y Bascuñán también ignoró, "muñequeando" el final de un partido en que el VAR estuvo de muestra, ya que nunca se recurrió a él cuando lo ameritaba.

Así se cerró una noche bien copera para este Lanús que está viviendo una experiencia inédita y que, a la luz de lo observado esta noche y pese a la cerrada caída (en la final el gol de visitante no tiene doble validez), tiene la puerta abierta todavía para consagrarse campeón de la Libertadores dentro de una semana en su casa.

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