En 2010, la pobreza alcanzaba al 45,2% de los niños y adolescentes. Durante 2011 y 2012 se registró una baja moderada (35,7% y 38,4%), pero desde entonces se inició una fase de empeoramiento continuo, con valores máximos en 2020-2021 (cercanos al 64-65%) y un récord histórico en 2023, cuando llegó al 62,9%.
La mejora registrada en 2024 y 2025 es relevante, aunque desde la UCA señalaron que “el nivel sigue siendo muy superior al de 2010 y, por supuesto, al de los mejores años de la década pasada”.
La cobertura de transferencias monetarias, como la Asignación Universal por Hijo (AUH), alcanzó al 42,5% de los niños.
En cuanto a la indigencia, la evolución muestra un comportamiento similar, aunque con variaciones más marcadas. En 2010 se ubicaba en 11,4%, descendió a 8% durante 2011-2012 y luego inició una tendencia ascendente que la llevó a 17,7% en 2024, el punto más elevado de toda la serie. En 2025, en tanto, bajó a 10,7%, una reducción importante que la aproxima a los niveles observados en 2017-2018.
Niños pobres y la inseguridad alimentaria
Por otro lado, el estudio indicó que en 2025 el 28,8% de los niños y adolescentes atravesó situaciones de inseguridad alimentaria, de los cuales un 13,2% lo hizo en su modalidad más grave. Aunque estas cifras muestran cierta mejora en comparación con 2024, todavía no alcanzan los niveles registrados antes de 2017.
La problemática se presenta con mayor fuerza en los hogares de menores recursos, afectando especialmente a los sectores socioeconómicos más bajos y con mayor concentración en el Conurbano Bonaerense.
Evolución de la inseguridad alimentaria total, la inseguridad severa y la asistencia alimentaria gratuita para niños de 0 a 17 años.
En este escenario, la cobertura de asistencia alimentaria alcanza el 64,8%, un máximo histórico. En términos generales, el informe señala que desde 2020 se registró un incremento marcado, explicado tanto por la ampliación del alcance de comedores escolares y comunitarios como por la implementación de la Tarjeta Alimentar en ese mismo período.
Asimismo, el relevamiento indica que la cobertura de transferencias monetarias, entre ellas la Asignación Universal por Hijo (AUH), llegó al 42,5% de los niños, lo que implica una disminución de 3,3 puntos porcentuales respecto de 2024.
La UCA aclaró que estas transferencias no contributivas alcanzan principalmente a los hogares con mayores niveles de vulnerabilidad, aunque su cobertura no es total. En ese sentido, también señaló que existen sectores que, aun estando en condición de pobreza, quedan fuera del alcance del sistema de asistencia.
Casi 6 de cada 10 niños son pobres en la Argentina y el 30% no come regularmente, según la UCA.
Por su parte, la investigadora del ODSA, Inanina Tuñón, sostuvo: “Estas políticas no fueron diseñadas para cubrir por completo los ingresos de los hogares, sino para equiparar el salario familiar de un trabajador formal con el de uno informal. Por eso, es clave mejorar las condiciones laborales de los adultos”.
La institución académica también difundió otros datos que reflejan la situación de crisis multidimensional que atraviesan los niños y adolescentes de entre 0 y 17 años.
Disminución de controles médicos
Entre los indicadores relevados, se destaca que durante 2025 el 19,8% dejó de concurrir al médico, al odontólogo o a ambos por dificultades económicas. En ese sentido, el informe subrayó que la atención odontológica es la más relegada, lo que pone en evidencia una deuda histórica de las políticas de salud en relación con el cuidado bucal, pese a su incidencia en la nutrición, la autoestima y la calidad de vida.
La pobreza infantil disminuyó en los últimos años y en 2025 alcanzó el 53,6%.
Tuñón señaló que, además de las limitaciones económicas, se observa un problema de fondo en la organización y disponibilidad del sistema de salud.
Respecto de las condiciones de vivienda, se registran mejoras sostenidas en el tiempo, aunque todavía persisten carencias estructurales relevantes. En 2025, el 18,1% de los niños y adolescentes vivía en hogares de calidad precaria, mientras que el 20,9% lo hacía en condiciones de hacinamiento. Paralelamente, el acceso a servicios básicos sigue siendo una asignatura pendiente: el 42% habita en viviendas sin saneamiento adecuado.
Por otro lado, el 37,5% de los niños y adolescentes de ese grupo etario presenta carencias en materia de vestimenta. A estas limitaciones materiales se suman consecuencias en el plano emocional derivadas de dichas privaciones.
La pobreza en niños y adolescentes llegó al 53,6% en 2025, mientras que la indigencia al 10,7%.
La disminución de la natalidad
En ese contexto, Tuñón también destacó la disminución de la natalidad, que, más allá de las tendencias globales, se interpreta como otro indicador del impacto que la crisis social ha tenido en las decisiones de las familias.
En 1991, el 56% de los hogares contaba con hijos menores de 18 años, mientras que el censo de 2022 mostró una reducción a 44%. Esta evolución da cuenta de una caída sostenida de la fecundidad, que en 2022 se ubicó en 1,4 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional establecido en 2,1.
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