“Distingamos: sexo, género e ideología”. Así se titula el nuevo documento que hicieron circular este viernes las comisiones episcopales de Laicos y Familia, Pastoral de la Salud y Catequesis, en un momento en que la aplicación del programa de Educación Sexual Integral (ESI) viene despertando polémicas. En el documento, la Iglesia diferencia "perspectiva de género" e "ideología de género", rechazando esta última.

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A fin de interpretar en su totalidad el comunicado, es pertinente ir directamente a las últimas líneas del escrito, donde se aclara: “el magisterio de la Iglesia advierte en la actualidad sobre el riesgo de determinadas posturas ideológicas que pretenden imponerse como un pensamiento único”. Se refiere a aquellas concepciones en las que “el género es pensado como una actuación multivalente, fluida y autoconstruida, independientemente de la biología, por lo que la identidad propia podría diseñarse de acuerdo al deseo autónomo de cada persona”.

"Entendida así, desde nuestra cosmovisión cristiana rechazamos la ideología de género, pero no podemos negar que la perspectiva de género es una categoría útil para analizar la realidad”. Y citan palabras elocuentes del Papa Francisco en Amoris laetitia 56: “Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”.

Retomando los primeros párrafos, se presentan una serie de aclaraciones terminológicas que muestran correlatos ideológicos evidentes: “Lo primero que tenemos que decir es que se puede distinguir sin separar, el sexo biológico del papel sociocultural del sexo, es decir, del género (…) Sexo y género son realidades profundamente conectadas, pero no son exactamente lo mismo”.

“Perspectiva de género”,

El texto concede que “los estudios de género pueden ofrecer una herramienta de análisis que nos permita ver cómo se han vivido en las diversas culturas las diferencias sexuales entre varones y mujeres, e indagar si esta interpretación establece relaciones de poder y cómo las establece. No se vive igual la condición masculina o femenina hoy, que hace cien años. Ni es igual en Argentina que en el Tibet”, propone el escrito.

“El hecho de vestir a los niños de un color y a las niñas de otro, son modalidades culturales que cambian con las épocas (…). No es el color del vestido que los hace mujer o varón, sino que por ser mujer o varón se les atribuyó un determinado color”. Y destaca otras actividades que pueden variar “de acuerdo a las circunstancias y las épocas”, como las “mujeres que estudian en la universidad hoy y antes no lo hacían, varones que en este tiempo cambian los pañales a los bebés, siendo un hábito del todo infrecuente un par de generaciones atrás”.

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