El carnaval jujeños comenzará con el desentierro del Pujllay en los distintos mojones que tienen las comparsas carnavaleras de toda la provincia. No faltará el talco, el papel pical y la albahaca, además de las bebidas tradicionales para comenzar a vivir la celebración ancestral que se repite año tras año.
La gran celebración popular se realiza cuando empieza la Cuaresma (es decir, 40 días antes de Semana Santa), con el Desentierro del Diablo o "Pujllay” en quechua.
¿Por qué? Es que el Diablo es el gran protagonista del Carnaval y el símbolo de estos festejos, de la mano de las comparsas y las murgas. Cada grupo vive su propio desentierro, un ritual que decreta el inicio del Carnaval.
Representado por un muñeco de trapo, el Diablo se saca de adentro de un mojón o apacheta (un montículo de piedras apiladas para invocar a una divinidad) y, en ese mismo instante, se da rienda suelta a la alegría, a los deseos reprimidos y a ciertos excesos, como la bebida.
Más de una semana
Son varios días completos de bailes, permisos, bullicio, desfiles callejeros, disfraces, e invitaciones a comer y beber en casas de familias que abren sus puertas. La fiesta termina cuando cada comparsa entierra a su Diablo con ofrendas a la Pachamama, marcando el fin de los carnavales.
Bombas y música
Hoy se tirarán bombas de estruendo una vez que el Diablo sea desenterrado y las distintas comparsas (muchos de sus integrantes se disfrazan de diablitos) bajarán de los cerros al ritmo del carnvalito.
Los instrumentos que generalmente utilizan las comparsas son las trompetas, redoblantes, trombones, erquenchos, cajas y bombos. También hay bandas de sikuris y copleros con cajas, que interpretan sus melodías y cantos a cada paso.
Las invitaciones
Las comparsas suelen llevar un estandarte que las identifican y recorren las calles de los pueblos, haciendo paradas en las casas que hacen invitaciones y sirven chicha, vino, cerveza o alguna otra bebida.
En los desfiles y bailes, la gente se divierte arrojándose harina o talco en la cara por sorpresa, además de tirar serpentinas, nieve, sonar cascabeles y cumplir con la costumbre de llevar perfumados ramitos de albahaca. Toda esta tradición tiene reminiscencias indígenas, españolas y criollas, y representa una fusión de rituales en los que el Carnaval implica una ruptura, una pausa en la vida cotidiana, el permiso para la transgresión.
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