“Jujuy es hermoso y yo no puedo estar más agradecido de haber nacido acá, pero siempre dije: el mundo es muy grande, necesito conocer más, otras cosas, otras realidades”
De Jujuy a Japón con apenas 19 años
Uno de los puntos que marcó su vida fue su experiencia en Japón. Tenía solamente 19 años cuando decidió viajar solo y permanecer cerca de seis meses en el país asiático.
La decisión, recordó, prácticamente ya estaba tomada cuando se la comunicó a su familia.
“Hice todos los papeles y le dije a mi viejo: ‘Me voy’. No era una pregunta, no era un permiso, era una notificación”, contó entre risas.
Sus padres lo acompañaron, aunque reconoció que para su madre fue más difícil afrontar la distancia. Una vez llegado a Tokio, recién tomó dimensión de la aventura que había comenzado.
“Me bajé del avión, salí a la calle en Tokio y dije: ‘Realmente estoy lejos esta vez’” “Me bajé del avión, salí a la calle en Tokio y dije: ‘Realmente estoy lejos esta vez’”
Lejos de buscar un destino adaptado al turismo extranjero, eligió instalarse en un pueblo tradicional japonés y trabajar en un centro de esquí. Llegó sin hablar japonés, aunque contaba con inglés y, como él mismo definió, mucha actitud para desenvolverse.
La experiencia rápidamente le dejó una primera enseñanza. A solo tres días de comenzar a trabajar, sus superiores japoneses lo pusieron al frente de un equipo de unas diez personas.
“Yo tenía 19 años, había gente más grande y más chica que yo. Ahí dije: ‘Habrá cosas realmente en mí que las otras personas pueden ver y que yo no estoy viendo todavía’”, relató.
Los viajes también cambiaron su mirada sobre Jujuy y las costumbres argentinas. La distancia, explicó, le permitió valorar aspectos cotidianos que antes podían pasar inadvertidos: la familia, las reuniones, los asados y la relación con la tierra.
“Te das cuenta afuera de que realmente tenemos algo especial en Jujuy, en Argentina, en nuestra forma de ser” “Te das cuenta afuera de que realmente tenemos algo especial en Jujuy, en Argentina, en nuestra forma de ser”
Los deportes extremos como puerta a nuevas experiencias
El interés por la aventura apareció mucho antes de los viajes. Campos aseguró que desde pequeño estuvo vinculado con este tipo de actividades gracias a su padre, quien lo incentivó a practicar deportes y conectarse con la naturaleza.
El snowboard fue una de sus primeras grandes pasiones. Aprendió en Las Leñas, Mendoza, y luego profundizó esa experiencia durante distintos viajes.
Cuando comenzó la universidad también aprovechó los programas de Work and Travel para trabajar durante varios meses en Estados Unidos.
“Cuando lo hice por primera vez dije: ‘Acá está la vida" “Cuando lo hice por primera vez dije: ‘Acá está la vida"
Muchos chicos de mi edad, tener tu propia plata, estar lejos y defenderte por tus propios medios, recordó.
Posteriormente llegó el kitesurf, disciplina que combina una tabla sobre el agua con una vela impulsada por el viento. La actividad terminó convirtiéndose en algo más que un hobby: durante su estadía en España trabajó como instructor.
Para Campos, estos deportes funcionan además como un medio para acercarse a personas con intereses similares y conocer los lugares desde otra perspectiva.
“Los deportes extremos siempre entraron como una forma de conocer gente más afín a mí y vivir experiencias que me interesan más en relación con la naturaleza y la montaña”, explicó.
El miedo, los riesgos y la importancia de estar preparado
La búsqueda de adrenalina también tuvo momentos complejos. Durante una jornada de kitesurf en España, Campos y un amigo quedaron en el agua después de que el viento desapareciera cuando se encontraban alejados de la costa.
La zona tiene una particularidad: Marruecos se encuentra a pocos kilómetros y determinados vientos pueden empujar a los deportistas mar adentro.
Aquella vez tuvieron que nadar aproximadamente una hora y media para regresar.
“Salimos tentados de la risa diciendo: ‘No puedo creer que no pasó nada’, porque podría haber sido realmente complicado”, relató.
Lejos de negar el miedo, Campos sostiene que es necesario aprender a convivir con él. Para el joven jujeño, evitar determinadas experiencias únicamente por temor no siempre es la solución: la preparación y el conocimiento resultan fundamentales para reducir los riesgos.
“El miedo va a estar y es una realidad. No es tanto verlo y huirle, sino verlo, capacitarse y enfrentarlo” “El miedo va a estar y es una realidad. No es tanto verlo y huirle, sino verlo, capacitarse y enfrentarlo”
Esa filosofía atraviesa buena parte de su recorrido. Viajar solo, trabajar lejos de casa, aprender disciplinas nuevas y exponerse a culturas completamente diferentes terminaron convirtiéndose en una forma de crecimiento.
A sus 24 años, Bauti Campos asegura que todavía quedan muchas experiencias por “desbloquear”. Mientras tanto, mantiene la misma idea que lo impulsó a salir de Jujuy siendo muy joven: conocer otros lugares para, en el proceso, también conocerse mejor a sí mismo.
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