Durante años se instaló la idea de que el desayuno debía ser, sin discusión, la comida más importante del día. Sin embargo, desde la nutrición actual esa afirmación comenzó a revisarse y el foco está puesto cada vez más en las necesidades, los horarios y la rutina de cada persona.
La nutricionista jujeña Emilse Escalante (MP 202) explicó que desayunar sigue siendo importante, pero no necesariamente tiene que hacerse apenas una persona se levanta ni existe un horario único que deba respetarse.
¿Hay que desayunar apenas nos levantamos?
Escalante explicó que el término desayuno significa, justamente, salir del período de ayuno que se produce durante las horas de descanso. Sin embargo, eso no implica que necesariamente haya que comer a las 7 de la mañana antes de comenzar las actividades.
“Por ahí está muy instalado el tema de que si yo desayuno tiene que ser a las 7 de la mañana, antes de ir al trabajo, y eso no es compatible con algunas rutinas”, señaló.
Por este motivo, una persona que no siente hambre al despertarse puede esperar algunas horas y realizar su primera comida a media mañana. El punto central, según explicó, es que la alimentación pueda adaptarse a cada caso.
“Si yo no tengo hambre a las 7 de la mañana, puedo desayunar, o sea salir del ayuno, tipo 10”, indicó Escalante.
El desayuno es importante, pero no más que las otras comidas
La especialista sostuvo que el desayuno debe entenderse como una herramienta más dentro de la alimentación y no necesariamente como una comida que tenga mayor importancia que el almuerzo, la merienda o la cena.
La forma en la que cada persona distribuye proteínas, carbohidratos y otros nutrientes durante el día depende de múltiples factores, como sus horarios, actividad física, trabajo y necesidades particulares.
De esta manera, tampoco todas las personas necesitan hacer la misma cantidad de comidas o incorporar colaciones.
“La alimentación se adapta a cada persona, a cada rutina, a cada contexto, porque obviamente no todas las personas tenemos el mismo gasto, no todas tenemos la misma rutina”, explicó.
Esto también contempla situaciones como las de quienes trabajan durante la noche y tienen horarios de descanso completamente diferentes a los habituales.
¿Qué conviene evitar en el desayuno?
Más allá del horario elegido para hacer la primera comida del día, Escalante remarcó que uno de los aspectos centrales es la calidad de los alimentos que se consumen.
Productos ultraprocesados, con gran cantidad de azúcar y aditivos, no aparecen como las mejores opciones para comenzar la jornada. Entre los ejemplos mencionó algunas galletitas, jugos azucarados y productos empaquetados que durante años fueron habituales en los desayunos y meriendas, especialmente de los chicos.
“Lo peor que vos podés incorporar apenas te levantás son todos ese tipo de alimentos procesados, ultra azucarados, con muchos aditivos”, afirmó.
Como alternativa, recomendó buscar alimentos que aporten proteínas y permitan mantener la energía durante más tiempo. En niños y adolescentes, por ejemplo, planteó opciones como yogur acompañado de frutas, granola o cereales.
Mejor esperar que desayunar cualquier cosa
La nutricionista incluso planteó que, si una persona no tiene hambre al levantarse, puede ser preferible esperar hasta media mañana antes que consumir rápidamente un café acompañado únicamente por un bizcocho.
En esos casos, la posibilidad de tomarse un tiempo y preparar una comida más completa puede resultar más conveniente que desayunar simplemente por cumplir con una supuesta obligación.
Así, la especialista desmitificó la existencia de una regla universal: no hay un horario obligatorio para desayunar ni una misma alimentación funciona para todas las personas.
La alimentación también depende del contexto
Escalante destacó además que las recomendaciones deben contemplar aspectos económicos, laborales y de actividad física.
No requiere la misma alimentación una persona que permanece sentada durante buena parte de su jornada que alguien que realiza un trabajo de alto esfuerzo físico. Tampoco se pueden proponer alimentos sin considerar si económicamente son accesibles para esa persona.
Por eso, la nutricionista señaló que muchas veces se pueden realizar pequeños cambios sobre los hábitos cotidianos, como reemplazar determinados quesos o tipos de pan por otras alternativas disponibles, sin modificar por completo la alimentación.
El concepto central, según Escalante, es evitar generalizaciones: un desayuno puede ser saludable para una persona y no resultar suficiente para otra. Más que seguir reglas rígidas, la alimentación debe organizarse según las necesidades reales, la rutina y el contexto de cada individuo.
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