Tiene 16 años y ya salvó más de 100 vidas: la historia de Brenda y su misión de rescatar perros maltratados
Desde los cinco años, dedica su vida a rescatar animales abandonados eligiendo una vocación que nació en su infancia y que lleva mucho amor y compromiso.
“No me nace ir a boliches o a fiestas como mis compañeros. Yo prefiero ayudar a los animalitos, eso me nace de corazón, es mi vocación”, dice con una madurez que sorprende.
Un amor que empezó incluso antes de nacer
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Brenda comenzó desde niña a rescatar perros maltratados junto a su madre en la asociación Amigos del Animal.
“En esos momentos que yo estaba en la panza, ella me contagió ese amor, ese respeto por la vida. Desde el día uno estuve en el auto con mi mamá, yendo de acá para allá para hacer rescates”, recuerda.
“Son cosas que muchas personas no saben. Desde muy chica aprendí a amar y respetar la vida de los animales. Es algo que me nació del corazón, del alma”, afirma.
Su primer rescate, a los cinco años
El recuerdo de su primer rescate propio sigue intacto. “Mi primer rescate fue a los casi cinco años. Fue Malincro”, dice con emoción. Era un cachorro abandonado cerca de una iglesia, flaco, enfermo, lleno de pulgas y garrapatas.
“Yo lo veía desde el auto, mi mamá tenía un taxi. No podía dejarlo ahí para que muera. Nadie lo quería, nadie lo iba a agarrar”, recuerda. Años después, una vecina le confirmó lo que ella ya sabía: “Siempre vienen a tirar animalitos acá”.
Malincro nunca fue adoptado. “Nadie quiere perros adultos o que no son de raza”, lamenta. Hoy sigue siendo parte de su familia.
Una lucha diaria contra el abandono
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Necesita ayuda para seguir con su gran labor solidaria.
Desde ese primer rescate, Brenda nunca paró. “Rescatamos perros que la gente ve en mal estado y no hace nada. Vamos a muchos basurales de Jujuy, porque ahí los dejan al borde de la muerte”, explica.
Cada animal llega en condiciones críticas y, con tiempo, cuidados y amor, logra recuperarse. “De a poco van evolucionando y, cuando están bien, se dan en adopción”, cuenta.
Un sueño que interpela a toda la sociedad
Brenda tiene un sueño que duele y, al mismo tiempo, ilumina. “Mi sueño es que todos los animales tengan un hogar, que nosotras las rescatistas no existamos. Vivimos una realidad muy triste, hay muy poca adopción. Esto no es jugar a ser rescatistas”.
Y concluye con una definición que resume su vida: “Esto es amar sin condiciones. Es quedarse cuando nadie se queda. Es quedarse con un ser vivo que dejaron solo. Por eso concientizo todos los días sobre la castración. Es la única forma de cambiar esta realidad”.
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Una tarea que lleva mucho compromiso y dolor por el maltrato animal.
Cómo colaborar
Para sumarse en su lucha, pueden ayudar de la siguiente forma: