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3 de julio de 2026 - 10:29
Jujuy.

Vestirse como una cebolla: la técnica que usan los jujeños para enfrentar el frío

Ante las bajas temperaturas, vestirse en capas, o como dicen "como cebolla" ayuda a conservar el calor y permite regular el abrigo según el lugar.

Maria Eugenia Burgos
Por  Maria Eugenia Burgos

La técnica no consiste en acumular prendas sin orden. Su objetivo es formar pequeñas barreras de aire que ayuden a conservar el calor corporal y, al mismo tiempo, permitan quitar o agregar ropa según la temperatura, el viento y la actividad que se realice. Organismos de prevención recomiendan utilizar dos o tres capas antes que depender de una sola prenda muy gruesa.

Cómo funciona la técnica de la cebolla

Cada capa tiene una función diferente.

- La primera debe estar en contacto con el cuerpo y ayudar a mantener la piel seca. Lo ideal es una prenda transpirable que permita alejar la humedad producida por la transpiración. El algodón puede resultar cómodo, pero si se moja tarda en secarse y puede hacer que el cuerpo pierda calor más rápido.

- La segunda capa actúa como aislante. Puede ser un buzo, un polar, una prenda de lana o un material térmico que retenga el aire caliente cerca del cuerpo. Esa pequeña cámara de aire es la que ayuda a conservar la temperatura.

- La tercera capa debe proteger del exterior. Una campera rompevientos o impermeable sirve para frenar el aire frío, la lluvia o la humedad. En días de viento, esta última barrera puede ser tan importante como el abrigo interior.

Por qué varias capas abrigan mejor

Una sola campera muy pesada puede mantener el calor, pero ofrece pocas opciones cuando una persona entra a un comercio, sube a un colectivo con calefacción o comienza a caminar rápido. En cambio, las capas permiten adaptar el abrigo sin necesidad de soportar calor excesivo.

Además, la ropa ligeramente holgada deja aire entre una prenda y otra. Ese aire funciona como aislante y reduce la pérdida de calor. Por eso, varias prendas livianas y bien elegidas pueden resultar más eficaces que un único pulóver demasiado grueso.

Esta técnica también permite protegerse durante jornadas largas. Al salir temprano puede utilizarse el conjunto completo y, cuando sube la temperatura, retirar la capa exterior o la intermedia. Al caer la tarde, las prendas pueden volver a colocarse.

El error de ponerse demasiada ropa

Vestirse por capas no significa usar cinco buzos, dos camperas y varias remeras ajustadas. El exceso de ropa puede provocar transpiración, limitar los movimientos y hacer que las prendas compriman el cuerpo.

Cuando la ropa queda húmeda, el organismo pierde calor con mayor rapidez. Por eso, si una persona empieza a sentir demasiado calor mientras camina o realiza actividad física, conviene quitar una capa antes de transpirar en exceso. Los organismos de salud advierten que la humedad producida por la lluvia, el sudor o la ropa mojada aumenta el riesgo de enfriamiento.

Las prendas demasiado ajustadas también pueden reducir la capa de aire aislante y dificultar la circulación. La clave está en que la ropa resulte cómoda, permita moverse y no deje grandes zonas del cuerpo expuestas.

Las ventajas y desventajas

Entre los principales beneficios está la posibilidad de regular la temperatura durante el día. También permite combinar prendas que muchas personas ya tienen en casa, sin depender necesariamente de una campera extremadamente costosa.

Otra ventaja es que la protección puede adaptarse a cada situación: no necesita el mismo abrigo quien espera quieto en una parada que quien camina varias cuadras o trabaja en movimiento.

La desventaja aparece cuando se eligen mal los materiales o se utilizan demasiadas prendas. La ropa puede volverse pesada, incómoda y generar sudor. También puede resultar poco práctica si después no existe un lugar donde guardar las capas que se van quitando.

No olvidar manos, cabeza y pies

La técnica de la cebolla debe complementarse con la protección de las zonas más expuestas. Gorro, guantes, medias secas, bufanda y calzado resistente a la humedad ayudan a conservar el calor y evitan que el viento golpee directamente sobre la piel.

En jornadas de frío intenso, también conviene limitar el tiempo al aire libre, especialmente en el caso de niños pequeños, personas mayores y quienes tienen problemas de salud. Si la ropa se moja, debe cambiarse lo antes posible.

Vestirse bien no elimina el frío, pero puede hacer que una mañana helada sea mucho más llevadera. La clave no está en cargar con toda la ropa del placard, sino en elegir prendas que trabajen juntas: una para mantener el cuerpo seco, otra para conservar el calor y una última para frenar el viento.

Lo más importante

  • La técnica consiste en utilizar dos o tres capas con funciones diferentes.
  • La primera capa debe mantener la piel seca.
  • La segunda debe conservar el calor corporal.
  • La tercera protege del viento y la humedad.
  • Las prendas no deben quedar demasiado ajustadas.
  • Transpirar en exceso puede provocar una mayor pérdida de calor.
  • Es importante proteger cabeza, manos, cuello y pies.
  • Las capas permiten adaptar el abrigo durante todo el día.

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