Ninoska Rojas, venezolana residente en Jujuy, pasó varias horas sin poder comunicarse con su madre, sus hermanas y otros familiares que viven en Caracas después de los terremotos que sacudieron Venezuela. La distancia, las comunicaciones colapsadas y las imágenes que comenzaban a circular transformaron la noche en una espera cargada de miedo e incertidumbre.
“Acá estamos sin dormir. Fueron horas muy duras para todos. El no saber de mi mamá, de mis hermanas que viven en Caracas, fue desesperante”, relató durante una entrevista.
Mientras seguía las noticias desde Jujuy, Ninoska intentaba comunicarse una y otra vez con cada persona cercana. No buscaba demasiadas explicaciones: necesitaba apenas una respuesta que confirmara que estaban con vida.
Terremotos en Venezuela: “Llamaba y no respondía nadie”
Ninoska se enteró de lo ocurrido cuando regresaba de trabajar. Fue su hija quien la llamó para contarle que un fuerte terremoto había afectado Venezuela y que tampoco podía comunicarse con su abuela.
“Mi hija me llamó y me dijo: ‘Mami, ¿te comunicaste con mi abuela? Hubo un terremoto’. Yo empecé a llorar y a gritar. Le decía que no podía ser” “Mi hija me llamó y me dijo: ‘Mami, ¿te comunicaste con mi abuela? Hubo un terremoto’. Yo empecé a llorar y a gritar. Le decía que no podía ser”
Al llegar a su casa, comenzó una cadena desesperada de llamados. “Empecé a llamar a mi mamá, a mis hermanas, a mis tías, a todos los que conocía. Nada, nada, nada. Nadie me decía: ‘Acá estamos, estamos bien’”, contó.
Las comunicaciones se encontraban completamente colapsadas. Durante horas no hubo mensajes, llamadas ni respuestas que permitieran saber qué estaba pasando con su familia.
“Querés ir, pero no podés ir. Querés estar, querés saber. Fue angustiante” “Querés ir, pero no podés ir. Querés estar, querés saber. Fue angustiante”
La primera comunicación llegó cerca de la medianoche
El alivio recién llegó varias horas después. Cerca de las 12 de la noche logró comunicarse con una de sus hermanas y confirmar que su madre y otros familiares estaban con vida.
“Recién a las 12 de la noche pude hablar con mi hermana. Estaba mi mamá, estaban todos”, señaló.
Más tarde pudo conversar con su padrastro, quien le contó que numerosos vecinos se habían reunido en la casa de su madre para pasar juntos las horas posteriores a los sismos.
“Me dijo que la mayoría de los vecinos estaban todos en la casa de mi mamá, conteniéndose unos con otros y esperando que no vuelva a pasar”, relató.
La vivienda se convirtió de manera improvisada en un espacio de encuentro y refugio. Frente al miedo, las familias decidieron permanecer juntas, acompañarse y esperar información sobre posibles réplicas.
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La angustia invade Venezuela
“Hasta que no escuché su voz, no me quedé tranquila”
Aunque había recibido algunos mensajes, Ninoska necesitaba una confirmación más personal. No podía sentirse en calma hasta ver a su madre o escucharla directamente.
“Hasta que yo no viera a mi mamá por una videollamada, hasta que no escuchara su voz, no me iba a quedar tranquila”, afirmó.
La incertidumbre dejó una marca profunda. Incluso después de recuperar el contacto con su familia, todavía sentía en el cuerpo la tensión acumulada durante la noche.
“Yo todavía estoy temblando. Fue una cosa muy extraña y muy difícil”, confesó.
Su relato refleja la situación de miles de venezolanos que viven fuera de su país y que atravesaron la emergencia pegados a un teléfono, esperando una llamada o un mensaje.
“Venezuela no está preparada para esto”
Ninoska aseguró que su madre recuerda el terremoto ocurrido en 1967, aunque sostuvo que nunca había vivido una situación de esta magnitud.
“Mi mamá me cuenta que hubo un terremoto en el año 67, pero me dice que no fue tan terrible como este” “Mi mamá me cuenta que hubo un terremoto en el año 67, pero me dice que no fue tan terrible como este”
La entrevistada también vinculó la vulnerabilidad frente a la catástrofe con la delicada situación económica y social que atraviesa Venezuela.
“Venezuela no está preparada para esto. Estamos saliendo de cosas económicamente muy difíciles, con mucha inestabilidad, y ahora viene a pasar esto. El pueblo no está preparado”, afirmó.
De acuerdo con los relatos que recibió desde Caracas, hubo daños importantes, edificios afectados, centros comerciales derrumbados y personas que todavía no habían podido ser localizadas.
“O sea, fue destrucción total. Se cayeron centros comerciales y todavía hay gente que no pudieron localizar”, señaló.
Vecinos unidos frente al miedo
Ante la posibilidad de nuevas réplicas, muchas personas permanecieron fuera de sus viviendas o buscaron refugio en casas consideradas más seguras.
En el barrio donde vive su madre, los vecinos decidieron reunirse y acompañarse. Algunos servicios habían sido interrumpidos por precaución, lo que aumentaba la incertidumbre.
“Están todos ahí, esperando y conteniéndose. Cortaron los servicios por precaución”, explicó Ninoska.
En medio de la tragedia, esa organización espontánea mostró también una respuesta profundamente humana: compartir el miedo para no atravesarlo en soledad.
Desde Jujuy, Ninoska continúa pendiente de cada mensaje y de cada llamada. Saber que su familia está con vida trajo alivio, pero no borró la angustia de una noche en la que la distancia pareció todavía más grande.
Lo más importante
- Ninoska Rojas es venezolana y reside actualmente en Jujuy.
- Su madre, hermanas y otros familiares viven en Caracas.
- Pasó varias horas sin poder comunicarse con ellos.
- Las comunicaciones se encontraban colapsadas.
- Cerca de la medianoche logró hablar con una de sus hermanas.
- Vecinos se refugiaron en la casa de su madre y permanecieron juntos.
- Ninoska aseguró que todavía se encuentra afectada por la angustia vivida.
- “Hasta que no escuché la voz de mi mamá, no me quedé tranquila”, expresó.
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