sábado 21 de febrero de 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Todo Jujuy. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
31 de octubre de 2024 - 11:43
Salud.

Nuevo estudio: dormir es vital para recuperarse de un infarto

Además de los fármacos, la rehabilitación física y las modificaciones en la alimentación, dormir profundamente contribuye a disminuir el estrés y la inflamación.

Redacción de TodoJujuy
Por  Redacción de TodoJujuy

La investigación publicada en la revista Nature por el grupo de Mount Sinai revela que, después de un infarto de miocardio, el cerebro y el corazón trabajan conjuntamente para provocar un sueño profundo, lo que activa los mecanismos naturales de curación.

Durante esta etapa de descanso con ondas lentas, el sistema nervioso disminuye tanto la frecuencia cardíaca como la presión arterial, lo que contribuye a reducir el estrés y la inflamación. Este mecanismo implica la participación de monocitos que, al llegar al cerebro, desencadenan una respuesta inflamatoria controlada que fomenta un sueño reparador y apoya la recuperación del tejido del corazón.

Descansar bien tras un infarto podría ser tan importante como otros tratamientos en la recuperación del corazón.

Estos descubrimientos resaltan la importancia de mantener una buena calidad de sueño tras un infarto para evitar complicaciones.

Tras un infarto de miocardio, el organismo parece emitir una orden inesperada: dormir. De acuerdo con un estudio pionero del equipo de Mount Sinai, publicado en la revista Nature, el corazón y el cerebro se comunican después del ataque al corazón para promover el sueño profundo, activando un proceso de recuperación interno que va más allá de cualquier tratamiento tradicional.

Durante esta etapa de sueño de ondas lentas, el cerebro trabaja en conjunto con el sistema cardiovascular para disminuir el estrés y la inflamación, actuando como un mecanismo de defensa natural que, según los investigadores, contribuye a la sanación del corazón.

Un nuevo estudio revela cómo el corazón y el cerebro se comunican tras un infarto, promoviendo el sueño para facilitar la sanación.

Sin embargo, la relevancia del sueño no se detiene ahí; el estudio indica que mantener una buena calidad de sueño en las semanas posteriores al infarto puede reducir de manera significativa el riesgo de sufrir nuevos problemas cardíacos. Por esta razón, quienes descansan adecuadamente tienen menos probabilidades de recaer, mientras que aquellos que duermen poco duplican su riesgo de enfrentar complicaciones. Así, el sueño se establece como un componente fundamental en la rehabilitación y recuperación del corazón.

Sueño y salud cardiovascular

Cada noche, mientras dormimos, el organismo activa una serie de procesos de reparación que son fundamentales para conservar la salud del corazón. Dormir menos de las 7 a 8 horas sugeridas incrementa la actividad del sistema nervioso simpático, que se encarga de las reacciones rápidas del cuerpo.

Aunque esta sobrestimulación es beneficiosa en situaciones de emergencia, tiene un impacto negativo en el corazón cuando el organismo no descansa adecuadamente, lo que eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, factores que incrementan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Tras un infarto, los monocitos viajan al cerebro y activan el sueño de ondas lentas, un descanso esencial para la salud cardíaca.

En un artículo publicado en Infobae, el doctor Daniel López Rosetti enfatizó que este órgano “late 100.000 veces al día” y debe lidiar con diversos factores de riesgo que elevan la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión, el colesterol alto, el sedentarismo y el estrés.

“Muchos son prevenibles con hábitos de estilo de vida saludables”, subrayó el experto y señaló que “lo que no se mueve se oxida”, en referencia a la importancia de combinar actividad física regular y descanso adecuado para la salud cardíaca. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, con “17,9 millones de vidas” perdidas cada año.

Frente a esta situación, el sueño profundo, especialmente el sueño de ondas lentas, permite que el sistema nervioso parasimpático asuma el mando, provocando una reacción de relajación que disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial. En esta fase, el organismo reduce la producción de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol, creando un ambiente donde la inflamación disminuye y el corazón puede descansar adecuadamente después de las actividades del día.

Los expertos también analizan cambios en el cerebro tras un infarto.

Según el Dr. Merrill Mitler, neurocientífico de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), “el dormir mantiene todos los aspectos del cuerpo de una forma u otra: el equilibrio energético y molecular, así como también la función intelectual, el estado de alerta y el humor”. Al tiempo que agregó que una persona que ha descansado bien “está operando a un nivel distinto que quienes intentan seguir con una o dos horas de sueño por noche”.

No obstante, los descubrimientos recientes del grupo de Mount Sinai profundizan esta conexión y proponen que el sueño profundo forma parte de un proceso natural que el organismo activa tras un incidente cardiovascular para resguardar y facilitar la recuperación del corazón.

Monocitos y neuroinflamación tras un infarto

Tras un infarto de miocardio, el organismo inicia un proceso inmunológico sorprendente: se liberan células inmunitarias denominadas monocitos desde la médula ósea y son dirigidas al cerebro, donde provocan una respuesta inflamatoria que resulta beneficiosa para el corazón. Este mecanismo, detallado por el equipo de Mount Sinai, permite que estos monocitos se acumulen en el núcleo lateral posterior (LPN) del tálamo, generando factor de necrosis tumoral (TNF), lo que activa neuronas que inducen el sueño de ondas lentas.

El sueño profundo reduce el estrés sobre el sistema cardiovascular y ayuda a la reparación del tejido cardíaco.

Este tipo de sueño profundo, conocido por sus efectos reparadores, reduce el estrés en el sistema cardiovascular y controla la inflamación en el corazón. En este contexto, el doctor Cameron McAlpine, investigador de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, comentó: “Este estudio es el primero en demostrar que el corazón regula el sueño durante una lesión cardiovascular utilizando el sistema inmunológico para enviar señales al cerebro”.

La interacción entre el sistema inmunológico y el cerebro provoca una reacción adaptativa que aumenta el sueño profundo, actuando como un “escudo protector” que apoya la recuperación del tejido cardíaco y mitiga el efecto de la actividad simpática. Los monocitos suelen actuar ante infecciones y reparar tejidos dañados en diversas partes del organismo. Sin embargo, tras un infarto, estos se reprograman al entrar en el cerebro, provocando una inflamación controlada que activa vías neuronales e induce un descanso profundo.

Este mecanismo transforma la inflamación en un factor protector: permite que el cerebro modere la actividad del sistema nervioso simpático, reduciendo tanto la frecuencia cardíaca como la presión arterial, dos condiciones esenciales para disminuir la inflamación en el corazón.

Después de un infarto, el cuerpo dirige monocitos al cerebro, donde activan mecanismos que inducen al sueño profundo.

El equipo de Mount Sinai notó que esta reacción inmunológica se activa pocas horas después del infarto y persiste durante varios días. En estudios con modelos animales, la respuesta produjo un incremento en el sueño de ondas lentas que se mantuvo durante una semana, coincidiendo con la fase crítica de reparación del corazón.

Investigaciones iniciales en pacientes humanos también revelaron que aquellos que disfrutan de una mejor calidad de sueño después de un infarto tienen un menor riesgo de sufrir complicaciones y una recuperación más robusta. Esta respuesta neuroinmunológica representa, en esencia, una adaptación natural del organismo destinada a proteger el corazón, destacando la importancia del sueño como una herramienta fundamental en el proceso de sanación posterior a un evento cardíaco.

Alteraciones en el cerebro tras un infarto y su efecto en el corazón

Después de un infarto de miocardio, el cerebro atraviesa una serie de modificaciones específicas que contribuyen a la protección y recuperación del corazón. Una de las zonas más impactadas por esta reacción es el tálamo, particularmente el núcleo lateral posterior (LPN), que es una área responsable de regular el sueño. Según el equipo de Mount Sinai, poco después de este incidente, esta región comienza a recibir monocitos que provocan una inflamación controlada.

Hábitos saludables como el ejercicio y el descanso adecuado son clave en la prevención de enfermedades del corazón.

McAlpine explicó: “Tras un infarto, el cerebro sufre cambios profundos que incrementan la cantidad y la presión del sueño en las semanas siguientes al infarto”. Estos cambios incluyen la activación de neuronas glutamatérgicas en el tálamo que promueven el sueño profundo y reducen la actividad del sistema nervioso simpático. El resultado: una frecuencia cardíaca y una presión arterial más bajas, factores esenciales para limitar la inflamación y permitir la recuperación del corazón.

Para examinar de qué manera el cerebro facilita este tipo de descanso tras un infarto, el equipo de Mount Sinai empleó modelos de ratón, en los que se provocó un infarto para analizar los cambios en la actividad cerebral y los patrones de sueño. Los roedores mostraron un incremento de hasta tres veces en el sueño de ondas lentas en comparación con aquellos que no sufrieron un infarto, y esta fase duró aproximadamente una semana, coincidiendo con el período inicial de reparación del corazón.

Este aumento en el sueño profundo contribuyó a disminuir tanto el estrés como la inflamación en el sistema cardiovascular, favoreciendo así la recuperación del tejido cardíaco dañado. Investigaciones iniciales en pacientes humanos indicaron resultados similares: aquellos que lograron tener un buen descanso después de un infarto mostraron una recuperación cardíaca más rápida y un menor riesgo de complicaciones.

El equipo de Mount Sinai sugiere que el sueño debe ser parte del tratamiento clínico postinfarto.

McAlpine destacó que “la neuroinflamación y la llegada de monocitos al cerebro representan una respuesta beneficiosa y adaptativa que aumenta el sueño para facilitar la curación del corazón y reducir la inflamación dañina”.

La importancia del sueño tras sufrir un infarto

El hallazgo de la relación entre el sueño y la recuperación del corazón después de un infarto de miocardio está revolucionando la comprensión y el enfoque del tratamiento posterior al infarto. Además de los métodos convencionales, como la medicación, la rehabilitación física y la modificación de la dieta, los descubrimientos del equipo de Mount Sinai destacan que la calidad del sueño es fundamental para la recuperación y la prevención de complicaciones cardíacas en el futuro.

El doctor Cameron McAlpine, investigador de Mount Sinai, subrayó: “Nuestro estudio descubre nuevas formas en que el corazón y el cerebro se comunican para regular el sueño y apoya la idea de incluir el descanso como parte del cuidado de pacientes tras un infarto”. Según los investigadores, el sueño profundo no solo reduce la actividad del sistema nervioso simpático, sino que también protege al corazón limitando la inflamación y disminuyendo la carga de estrés.

Dormir hace bien al corazón.

En este sentido, López Rosetti subrayó la relevancia de un descanso adecuado, así como del sueño reparador, y factores como la actividad física y una alimentación balanceada, como elementos cruciales en la rehabilitación cardiovascular, contribuyendo a disminuir tanto la probabilidad de nuevos episodios como el tiempo necesario para la recuperación.

Hacia un nuevo enfoque en la rehabilitación cardíaca

Los descubrimientos del equipo de Mount Sinai sugieren una estrategia innovadora para la recuperación después de un infarto, donde la calidad del sueño se establece como un elemento esencial del tratamiento. Incorporar tácticas para asegurar un descanso óptimo—como minimizar las interrupciones nocturnas en los hospitales o proporcionar orientación sobre la higiene del sueño—podría mejorar notablemente la recuperación del corazón.

Dormir bien en las semanas posteriores a un infarto puede disminuir significativamente el riesgo de problemas cardíacos futuros.

En este contexto, el Dr. Merrill Mitler, neurocientífico de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), destacó que “el dormir mantiene todos los aspectos del cuerpo de una forma u otra: el equilibrio energético y molecular, así como también la función intelectual, el estado de alerta y el humor”. Mientras que McAlpine aseguró que “la regulación del sueño a través de la neuroinflamación y la respuesta inmunológica son respuestas adaptativas del organismo que favorecen la sanación del corazón”.

De este modo, el sueño profundo se presenta como un factor vital para la recuperación, permitiendo que el corazón reciba menos estímulos de estrés y reduciendo la inflamación en el tejido dañado. Esta adaptación biológica pone de manifiesto una relación estrecha entre los sistemas nervioso y cardiovascular, que podría utilizarse para potenciar la efectividad de los tratamientos.

Sumate al Canal de WhatsApp de TodoJujuy.com

Recibí las noticias en tu celular sumándote al Canal de WhatsApp de TodoJujuy.com. Ingresá al siguiente enlace:  https://whatsapp.com/channel/0029VaQ05Jk6BIErMlCL0v0j

Si querés, podés activar las notificaciones.

Además, podés comunicarte con nosotros a través del WhatsApp de las Noticias al 3885007777.

Copyright © Todo Jujuy Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas. Derechos de autor reservados.
Seguí leyendo

Lo destacado