La muerte de un grande. 

Belgrano y su muerte en la pobreza y el olvido

En medio de la pobreza y en momentos de convulsión política por enfrentamientos entre distintos sectores locales, moría Manuel Belgrano

El fallecimiento de Manuel Belgrano representa para nuestro país el día de la vuelta a lo nuestra, fecha de repensar nuestros valores patriotas, aquellos que nos unen como argentinos.

Manuel Belgrano, como nos dicen en la escuela, “el creador de la bandera celeste y blanca”; en la Academia, “un prócer fundacional que fue militar, político, periodista, economista, diplomático, estadista, promotor de la educación y en años más recientes, se ha destacado su promoción de la vacunación contra la viruela, la defensa del medio ambiente y los derechos de la mujer”.

Todos estos títulos no le sirvieron demasiado a la hora de su despedida, ya que Belgrano murió en la pobreza, entre el olvido y el maltrato.

Fue en medio de la pobreza y en momentos en que la región del Río de la Plata estaba convulsionada por enfrentamientos entre distintos sectores locales, moría Manuel Belgrano en una fría mañana de invierno, olvidado por sus contemporáneos y hasta maltratado por las autoridades que le negaron la ayuda que necesitaba.

Había luchado con las armas hasta las últimas consecuencias contra el dominio español, y había impulsado desde sus escritos y acciones las ideas de "libertad, igualdad, seguridad, propiedad", con propuestas que planteaban una ruptura con el pasado colonial.

Enfermo de hidropesía, Manuel Belgrano tuvo que abandonar el mando del ejército del norte y trasladarse desde Córdoba a Tucumán, donde se produjo en ese momento una sublevación contra el gobierno de Buenos Aires que no pasó por alto la presencia allí de Belgrano.

En noviembre de 1819 y las fuerzas militares alzadas avanzaron deponiendo al gobernador de Tucumán y "deteniendo en su domicilio al general Manuel Belgrano, quien se hallaba enfermo en esa ciudad", cuenta Jorge Perrone en su Diario de la Historia Argentina.

Esta situación lo afecta seriamente y ante la gravedad de su estado, plantea que quiere morir en Buenos Aires, por lo que solicitó al nuevo gobernador tucumano, Bernabé Aráoz, dos mil pesos para poder viajar, pero le niegan el pedido.

Gracias a su amigo, José Balbín, que le presta el dinero, puede volver a Buenos Aires en febrero de 1820, donde continúa sin dinero para enfrentar su enfermedad.

Ante esa situación el amigo y recientemente electo gobernador que duró en su cargo menos de un mes, Ramos Mejía, lo ayuda económicamente aunque se disculpó por la exigua suma que le ofreció, tan sólo trescientos pesos.

Para entonces, el gobierno le debía a Belgrano los pagos por sus servicios en la lucha independentista.

"Muero tan pobre que no tengo con qué pagarle el dinero que usted me prestó", le dijo Manuel Belgrano a Balbín, quien lo había ido a visitar poco antes de morir.

"Pero ese dinero no lo perderá, el gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos, y luego que el país se tranquilice se los pagarán a mi albacea, quien queda encargado de satisfacer la demanda", continuó Manuel Belgrano.

Las condiciones de su muerte no se correspondieron con la dimensión de su obra y su espíritu de lucha y entrega, así como tampoco se valoró la profunda significación y sentido de la creación de una insignia identificatoria de los ejércitos criollos que los diferenciara del español y les diera un sentido de pertenencia.

Fue un 27 de febrero de 1812 pasó a la historia como el momento en que se izó por primera vez la bandera celeste y blanca reafirmando el sentido de la lucha por la independencia, pero el Triunvirato, al enterarse se alarmó y dio la orden a Belgrano "de que esconda la nueva enseña y se le envía una bandera de la Fortaleza: española", destaca Perrone.

Pero la historia ya había comenzado a correr y la bandera se imponía como la divisa criolla y la insignia de la libertad cuando en 1812 el mismo General Belgrano dejara al pueblo jujeño el legado intangible, la Bandera de la Libertad Civil, intacto en nuestros tiempos.

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En medio de la pobreza y en momentos de convulsión política por enfrentamientos entre distintos sectores locales, moría Manuel Belgrano

En medio de la pobreza y en momentos de convulsión política por enfrentamientos entre distintos sectores locales, moría Manuel Belgrano

No lo valoraron cuando en septiembre de 1812 comandó el éxodo de nuestro pueblo jujeño; derrotando un mes después en Tucumán a las fuerzas españolas que lo doblaban en cantidad de efectivos, triunfo que logró tras desobedecer a Rivadavia.

Tampoco lo valoraron los artífices del relato histórico tradicional que minimizaron, desvirtuaron o vaciaron de sentido durante largas décadas la lucha, la obra y el pensamiento de Belgrano. Esa obra no se sintetiza en la creación de la bandera, como asimismo la creación de la bandera no se limita a pensar en su creador. Ambos trascendieron aquel momento, pero el 20 de junio sella y dispara una identidad común.

Por un lado un revolucionario que buscó transformar la realidad, y por otro, un símbolo identitario que unió a los pueblos de norte a sur del país.

Hoy, la figura de Belgrano vuelve a plantear una resignificación del pasado, desde sus ideas, su espíritu de lucha, su honestidad y su integridad.

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