Las lluvias están presentes en todo el norte argentino, y las crecidas de los ríos son un peligro constante. El miércoles, en Lules, precisamente en el rio Colorado un hombre vestido con una camiseta y pantalón de San Martín de Tucumán colgaba de una soga, desde un puente, con bebé en brazo. Fue la imagen que se viralizó por las redes.
Miguel Ángel bajó y subió con la soga que lo sostenía para rescatar a 4 niños, arriba del puente lo esperaban un grupo de hombres que colaboran con su gran y arriesgado gesto.
Facebook se hizo eco del héroe tucumano: “este gran ciruja: tuvo la valentía de atarse a una soga y arriesgar su vida, salvando a cuatro nenitos”. Y luego, los bomberos salvaron a los mayores: en total una familia de siete integrantes” afirma un publicación.
Este lunes cumple años uno de sus 5 hijos, por lo que Miguel se hizo un tiempo para salir a comprar el cotillón de la fiesta. Se pone la camiseta del “ciruja” y se dirigen a Famaillá, cuando una señora se les acerca al auto gritando desesperadamente diciendo “¡Mi tío! ¡Mi hermana! ¡Mi esposo! ¡Los chicos! ¡Están los chicos!”, a lo que Miguel se baja del auto se mete entre la multitud de gente "me acerco al puente, miro para abajo y veo la crecida del río Colorado. Era muy fuerte y en el medio del río había quedado toda una familia que estaba pescando. No tuvieron tiempo de salir. El río venía arrastrando troncos y se agarraron de uno: había personas grandes y estaban los chiquitos, dos nenitos y dos bebitos. El tronco fue subiendo con la crecida del agua y quedaron atrapados bajo el hueco del puente. Algo había que hacer" declara el tucumano.
El río Colorado no paraba de crecer y los gritos de auxilio se perdían entre los de los vecinos que habían estacionado sus autos. "¡Sogas! ¡Juntemos pedazos sogas de los autos! ¡Hagamos una soga y aténmela! ¡Yo soy el más flaco, yo me tiro!", les ordenó Miguel Ángel a todos. "El problema es que la soga seguía siendo cortita y como eran de distintos autos, el nudo que me ataba no era muy seguro, hasta que le vi la cara al angelito de dos meses", relata el héroe de esta historia.
"Cuando los vi, pensé en mis hijos, les vi la carita. Me bajaron al río y empecé a alzarlos en mis brazos: los dos primeros eran pesaditos. Estaban muy asustados porque el agua no paraba de golpearnos. El río nos quería llevar, pero sentí que Dios estaba ahí conmigo. Pero nunca sentí lo que sentí cuando tenía a los chiquitos conmigo: ellos dejaban de llorar, se calmaban y entre todos me levantaban para seguir con el rescate".
El rescate continuó con el último bebé, de dos meses, el que Miguel Ángel Giménez carga en las fotos que recorrieron el país. "Yo ya no podía respirar. Me estaba quedando sin fuerzas. La soga me apretaba. La tenía atada por la cintura, bien atada al principio, pero me subía hasta la panza, después hasta el pecho, me raspaba y me apretaba mucho. Ahí sentí miedo por primera vez. Pensé que se podía romper y el agua nos llevaría a todos. Ahí pensé en mis chicos, le pedí a Dios que me ayude, me dio coraje y llegó el último tirón de la gente. Así salimos".
Ante la escena de película, los hinchas del Santo inflaron el pecho particularmente y desde las páginas señalaron: "Los héroes no usan capa, usan la camiseta del Santo". Claro que esta historia trasciende a los colores y generó la unión que sólo estas situaciones son capaces de generar. "Me quedó un agujero en la camiseta, pero eso es lo de menos, las vidas de las criaturas valen todo", aclara el fanático del Santo Tcumano.
Cuando Miguel Ángel salió de las aguas crecidas del río Colorado tomó aire después de rescatar a cuatro niños, se sentó y recibió el abrazo de su mujer y el calor de los vecinos: "Me daban palabras de aliento, me agradecían lo hecho, todos querían abrazarme. Mi señora estaba muy emocionada. Yo les decía lo que sentí y lo que siento ahora que ya pasó: Dios me había puesto ahí y si esperábamos a los bomberos, ellos no iban a poder salvar a las criaturas, se las llevaba el agua".
Luego de ser atendido por la ambulancia y mientras los bomberos se hicieron cargo de la situación y completaron el rescate de los grandes, Miguel Ángel saludó a los padres de los niños, se despidió de los chiquitos y sintió la necesidad de ir a abrazarse con sus propios hijos, de volver a su propia casa que también se llena de agua cuando llueve: "Estamos a la orilla del río y el agua se mete en todas las casas. La semana pasada mejoró la situación porque llegaron las máquinas de la intendencia, pero yo les pediría que trabajen más en las calles para que no se llenen de agua".
Después del abrazo con sus cinco hijos, Miguel Ángel se sacó la camiseta empapada de San Martín, se cambió la ropa y retomó su día por donde había quedado: llamó a un auto particular y junto a su señora viajaron hasta el centro de Famaillá para meterse en los locales donde venden cotillón para cumpleaños.
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