El sábado a la mañana, Pelusa se había recostado, después de haber estado casi dos años y medio parada. Así dormía y pasaba los días. El animal, un emblema del paseo tradicional de la capital bonarense, estaba afectado por una enfermedad que le impedía moverse normalmente.

Esto es común en elefantes que se encuentran en cautiverio, y se origina por la imposibilidad de poder caminar grandes distancias, como debería hacerlo un animal de su especie en condiciones de libertad.

Por esta dolencia hacía dos años que no se recostaba a dormir, ya que esta enfermedad -entre otras cosas- le genera la imposibilidad de poder levantarse por sus propios medios.

El estado de salud de Pelusa nunca dejó de deteriorarse. En las últimas horas del lunes, los especialistas internacionales y los profesionales del zoo platense que la trataban coincidieron en que la situación sanitaria era "irreversible". Fue allí cuando las autoridades del municipio decidieron solicitar la intervención de la Justicia para poder aplicarle un sedante y evitar así más sufrimiento.

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