Desde que arrancó en septiembre, la campaña de Mauricio Macri estuvo encabezada por el lema #SiSePuede, en alusión a las chances del presidente de llegar a una segunda vuelta con Alberto Fernández en las elecciones del domingo, a pesar de que en las PASO quedara 15 puntos más abajo.

Ahora... ¿se puede?

El oficialismo no parece darse por vencido. Macri pide que el domingo vayan a votar incluso más personas que en 1983, cuando ganó Raúl Alfonsín en las elecciones más concurridas hasta ahora. Es que Juntos por el Cambio apuesta a los votantes que no llegaron a las urnas en agosto, ya que la diferencia de electores entre las PASO y las elecciones generales fue clave para el triunfo de 2015. En octubre de ese año votaron 2 millones más de personas que en agosto: la asistencia creció del 74,91% al 81,07%. Y eso fue, en parte, lo que determinó la victoria de Macri.

¿Se puede repetir este año?

La Constitución Nacional establece que para triunfar en primera vuelta un candidato debe obtener el 45% de los votos válidamente emitidos, o el 40% más una diferencia de 10 puntos con respecto a su competidor que quede en segundo lugar.

A partir de aquí, para poder alcanzar una eventual segunda vuelta, Macri necesita que al menos 2.5 millones de personas más de las que votaron en agosto pongan el sobre en la urna. Esto viene a ser el equivalente a cinco marchas como la del #SiSePuede en el Obelisco del sábado pasado.

Este año hubo más asistencia a las urnas en las PASO que en 2015 (76,42%). Además, en 2015 Daniel Scioli obtuvo el 38,67% de los votos en las primarias y Macri el 30,12%; mientras que este año, Fernández terminó las PASO con el porcentaje necesario para ganar en primera vuelta: 47,65%. El domingo con llegar a 45 puntos, será el próximo presidente.

Dicho de otra manera, en las PASO Alberto Fernández obtuvo 12.205.938 de un total de 24.660.382 votos. Si el domingo, como ocurrió en 2015, la base electoral - el total de votantes - crece a 27.184.718, el porcentaje del candidato del Frente de Todos bajará a 44,9% y podría haber segunda vuelta.

A eso apuesta Macri. A un presentismo casi récord del 84%, como solo ocurrió en 1983 (85,61%) y en 1989 (85,31%).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el resultado final no solo dependerá de la cantidad de nuevos votantes, si no también de lo que decidan hacer esos electores en el cuarto oscuro.

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En agosto hubo 1.4 millones de votos blancos, nulos o impugnados. Si el domingo esos votos se dirigen a algún candidato, la base de porcentaje afirmativo se amplía. Si no lo hacen o si hay más votos no positivos que en agosto, los porcentajes de cada candidato aumentarían.

Pero ahí no termina todo, porque además de que Fernández baje sus resultados, Macri necesita subir los suyos. Con sus 32,9% de las PASO, al candidato del Frente de Todos le sería suficiente un 43% para ganar. Es por eso que Macri necesita al menos el 35% de los votos. Es decir, que de los 2.5 millones de nuevos votos, no solo ninguno debería ser para Alberto, sino que más de la mitad debería ser para Mauricio.

En 2015, Macri creció 1.8 millones de votos entre las PASO y las generales. Entonces, ahora... ¿se podría? Difícil pero sí, se podría. ¿Se puede? Lo sabremos el domingo.

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