Este domingo, Guillermo Luquín, diácono de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, de la Diócesis de Lomas de Zamora, apareció degollado en su casa de Temperley. Estaba en el dormitorio, donde había signos de lucha, un cuchillo de cocina y una gran mancha de sangre sobre la cama.

El principal punto de partida de la investigación es determinar si la víctima conocía a su asesino.

El cuerpo de Luquín fue descubierto cerca de las 12:30, luego de que un sobrino suyo llamara al 911. En principio, los médicos del SAME dijeron que el diácono había fallecido a causa de una herida cortante en el cuello.

Una autopsia posterior de Policía Científica determinó que “tenía varios politraumatismos en la cabeza y cinco lesiones punzocortantes, una de ellas que le afectó la carótida y que se cree fue la herida que le provocó la muerte”. Además, estimó que la muerte había ocurrido unas 12 horas antes al hallazgo del cadáver.

Según los investigadores, la vivienda estaba ordenada y limpia. Los ingresos no tenían signos de violencia y había unas llaves colocado de la reja del frente. En la mesa de la cocina había una botella de gaseosa y dos vasos servidos; de allí los peritos tomaron seis huellas dactilares, que ya fueron enviadas a peritaje para avanzar en la identificación de la o las personas que estaban con Luquín al momento del crimen.

Lo único que faltaba en la casa era el celular de la víctima, así que el móvil de robo está descartado y la principal pista señala que conocía quién lo asesinó y le permitió entrar.

Además de diácono, Luquin era empleado del Banco Provincia en la sucursal Temperley. Según sus familiares y conocidos, por su condición religiosa era soltero y no tenía pareja.

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