Las conclusiones de este trabajo se basan en la observación de una población muy particular durante 30 años, un escenario “imposible de replicar en un ensayo clínico”, según señala el científico. Se trata de la población cubana, que experimentó una pérdida de peso moderada y un aumento importante de la práctica de ejercicio físico durante al menos cuatro años (1991-1995), durante una terrible crisis económica motivada por la caída de la Unión Soviética, que facilitaba al país caribeño –sometido a un embargo por las autoridades estadounidenses- alimentos y petróleo.
Los cubanos pasaron a depender de sí mismos para desplazarse, por la práctica anulación de los medios de transporte públicos y privados, lo que supuso un aumento muy significativo (del 30% al 80%) del porcentaje de población con niveles de actividad física moderada. Al mismo tiempo y de manera paulatina y sostenida se redujo considerablemente la ingesta calórica per cápita (de 3.000 calorías diarias a 2.200). Como consecuencia se produjo una pérdida de peso generalizada que se calcula de 5 kilos para una persona de talla normal.
Lo más interesante del trabajo es la comparación con los años posteriores, cuando la crisis terminó y los cubanos volvieron a ganar peso. En esos años (entre 1995 y 2010), la población aumentó su peso en una media de nueve kilos y la prevalencia de diabetes se disparó desde 1997. En 1996, cinco años después del inicio de la pérdida de peso, comenzó una rápida disminución en la mortalidad por diabetes que duró seis años. En 2002, se revirtieron estas tendencias y la mortalidad por diabetes inició una tendencia ascendente. Aunque los investigadores esperaban que, una vez la población empezara a ganar peso, volviera a aumentar la mortalidad por enfermedad coronaria (que había disminuido un 34% durante los años 1996-2002), lo que sucedió fue que las tasas de defunciones se estabilizaron, es decir, dejaron de disminuir, pero no aumentaron. “Esto contradice las tendencias más agoreras”, apunta el Dr. Franco.
El autor considera que existen varias e importantes lecciones que se pueden extraer de este estudio para su aplicación en España y otros países similares. “Lo que aprendemos es que debemos promover la salud en todos, como sociedad; para que tengan un impacto fuerte, las intervenciones no solo han de estar centradas en la población de riesgo, sino que conviene que afecten a toda la población, han de ser estrategias poblacionales”, subraya. El Dr. Franco añade que se trata de comer menos y mejor y, sobre todo, incrementar nuestra actividad física. "No se trata de que algunos estén delgados o se maten en el gimnasio, sino de que toda la población pueda comer de manera equilibrada y andar o montar en bici en su día a día”, ejemplifica el investigador. En este sentido, el Dr. Franco apunta a la promoción de políticas donde se primen formas de transporte más activas que el uso del coche.
Los investigadores explican que, tras el análisis de los datos, no se puede concluir que uno de los tres factores (menor ingesta calórica, pérdida de peso y aumento de ejercicio) sea más importante que otro a la hora de disminuir la mortalidad cardiovascular.
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