Hay una frase que sentencia que “los abdominales se hacen en la cocina” ¿Por qué se dice esto? Porque por más que se sigan las rutinas más exigentes en el gimnasio y se hagan mil abdominales por día, no prestar atención a la alimentación hará muy difícil lograr una panza chata (salvo que genéticamente uno nazca agraciado).

Para lograr este objetivo, en cambio, existen algunos tips y estrategias que ayudan.

Alimentarse bien y suficiente

No se trata de comer poco, si no lo preciso para mantener el metabolismo activo. Esto se logra con tres o cuatro comidas diarias principales, que aporten nutrientes (como fibras, proteínas, vitaminas y minerales) y no, calorías vacías.

Levantarse con tiempo y tomar un rico desayuno

Esto es importante para el éxito de una buena dieta. De lo contrario, a media mañana caeremos en la tentación de las galletitas, las medialunas y otros alimentos con demasiadas grasas y calorías.

Evitar el exceso de hidratos de carbono simples (como cereales, papas, choclo, batatas, pastas, arroz, pan, galletitas)

Ya que tienden a distender el abdomen.

Limitar las bebidas con gas

Las gaseosas, las aguas saborizadas y la soda generan inflamación.

Contribuir desde la dieta al buen tránsito intestinal

Esto se logra mediante la ingesta de fibras que están presentes en los vegetales - como el brócoli, las zanahorias, las ciruelas, las manzanas y las peras, las lentejas y los cereales.

Hacer un test de tolerancia a la lactosa

Se trata de una causa frecuente de distención abdominal y una modificación en la dieta puede contrarrestarlo.

Un método integral propuesto por las licenciadas en nutrición Julieta Caramuti y Natalia Vincent.

FUENTE: Clarín
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