Según especialistas de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, los músculos comienzan a perder tejido desde la tercera década de vida. El deterioro puede avanzar más rápido con la edad, ciertas enfermedades crónicas y la falta de ejercicio.
Un estudio reveló qué provoca la pérdida de fuerza muscular con la edad y cómo combatirla
La pérdida de masa muscular puede comenzar alrededor de los 30 años y avanzar de forma silenciosa, sin que necesariamente se produzcan cambios visibles en el peso. Este fenómeno, denominado sarcopenia, puede intensificarse por el sedentarismo, las enfermedades crónicas, la menopausia o los períodos prolongados de hospitalización.
La doctora Marta Supervía, especialista en Rehabilitación y miembro de la SERMEF, explica que el pico de tejido muscular se alcanza entre los 30 y los 40 años. Luego, el organismo comienza a perder entre un 0,4% y un 0,5% de masa muscular por año.
La disminución de la masa muscular no siempre se refleja en la balanza. Esto ocurre porque, en muchos casos, el tejido muscular que se pierde es reemplazado por grasa, por lo que el peso puede mantenerse prácticamente sin cambios. Así lo explicó Supervía en declaraciones a Infosalus.
Además de permitir el movimiento, los músculos desempeñan un papel fundamental en el funcionamiento del organismo: almacenan glucosa y aminoácidos, intervienen en la regulación del metabolismo y contribuyen a prevenir caídas, fracturas y situaciones de dependencia funcional.
Con el paso del tiempo, el deterioro muscular puede volverse cada vez más pronunciado. A partir de los 60 años, la pérdida suele acelerarse y puede llegar a representar hasta la mitad de la masa muscular al alcanzar los 80 o 90 años.
Una de las causas está vinculada con el envejecimiento hormonal: los niveles de testosterona, estrógenos y hormona del crecimiento disminuyen, lo que afecta los mecanismos que ayudan a conservar el tejido muscular.
La pérdida de músculo también está condicionada por factores específicos, como la menopausia, que puede acelerar el deterioro en las mujeres y favorecer la acumulación de grasa visceral.
A su vez, la inactividad física puede tener efectos rápidos sobre el organismo: 10 días de inmovilización pueden ser suficientes para perder aproximadamente un kilo de músculo.
Otro factor que influye en la pérdida de músculo es la presencia de enfermedades crónicas, que pueden incrementar el riesgo y acelerar su progresión. Entre las principales se destacan la diabetes, la insuficiencia cardíaca, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el cáncer y las afecciones renales, hepáticas, neurológicas y reumáticas.
Qué pasa con las proteínas
Consumir suficiente proteína es esencial para preservar los músculos a lo largo de la vida. Sin embargo, las cantidades necesarias no son iguales para todas las edades: en un adulto joven sano, la ingesta recomendada oscila entre 0,8 y 1 gramo por kilogramo de peso corporal diario, mientras que en una persona mayor puede alcanzar aproximadamente 1,2 gramos.
Este aumento responde a la llamada resistencia anabólica, un mecanismo por el cual los músculos pierden parte de su capacidad para responder a los nutrientes con el paso de los años. Por ese motivo, necesitan una mayor cantidad de proteínas para obtener una respuesta similar.
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