Belén, la joven de 18 años que fue víctima de una violación múltiple en Salta, no tiene paz. Apenas recuperada de las secuelas físicas que le dejó el ataque, participó de una marcha junto a sus familiares para pedir justicia y al pasar por la casa de uno de los detenidos, desde adentro, les empezaron a disparar. "Los policías que estaban en el lugar lo único que hicieron es defender a los delincuentes que no dejaban de tirar”, denunció.

“La verdad que a estos tipos no les tengo miedo, mucha gente me demostró que no estoy sola. Son ellos los que deberán temer porque vamos a seguir pidiendo justicia", dijo Belén. "Estoy con mucha bronca porque la familia de los delincuentes sigue con las amenazas, lo hicieron en la primera marcha y también ahora”.

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Mientras tanto, con los recuerdos del horror del que logró escapar la madrugada del lunes 23 de abril todavía en carne viva, la joven intentó hacer una reconstrucción y recordó que fue una amiga quien la invitó a una fiesta, que había sido convocada por las redes sociales. Pasada la medianoche, se dio cuenta que le habían robado el celular dentro de la casa y fue cuando quiso irse.

Al principio las dos chicas salieron juntas pero, a último momento, su amiga le dijo que la alcanzaba después y la dejó sola con el dueño de la vivienda, que se había ofrecido a acompañarla. Solo tenían que caminar hasta la parada del colectivo, pero de golpe la agarró del cuello y empezó la pesadilla. "No podía gritar. Estaba sola, sin poder moverme", afirmó.

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Aunque forcejeó para tratar de liberarse, la superioridad física se hizo notar y fue cuando apareció un auto oscuro. "Me subieron por la parte trasera del auto. No dejaba de ahorcarme mientras que el que estaba en el asiento del acompañante se reía. El tercer tipo, que aún no atraparon, era el que manejaba. Comenzaron a golpearme, lo único que podía expresar eran gemidos que no llegaban a ser gritos. Después me desmayé y desperté en medio del monte".

Se encontró a sí misma desnuda, mojada, ensangrentada y casi no podía moverse. "Estaba boca abajo, con la cabeza entre los yuyos. Muy dolorida, no podía abrir uno de los ojos de tan hinchando que lo tenía, igual que la boca. De a poco fui recordando y de golpe me dio muchísimo miedo, pensaba que si esos tipos volvían podían matarme".

Arrastrándose, asustada y dolorida, tocó la puerta de la primera casa que cruzó en su camino. Sabía que tenía que salir de ahí y pedir ayuda. Las fuerzas la acompañaron hasta que pudo decirle su nombre a la mujer que abrió la puerta y vio a sus hijos pedir auxilio. Entonces volvió a desvanecerse.

FUENTE: Todo Noticias
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