¿Podemos concentrarnos? En Jujuy crece el consumo audiovisual con doble pantalla
En Jujuy crece el hábito de ver series y usar el celular al mismo tiempo. Expertos advierten que la doble pantalla afecta la atención y la experiencia cultural.
A esta altura, mirar una serie o una película sin tener el celular en la mano es casi excepcional. En Jujuy, como en gran parte del país, el consumo audiovisual se volvió una práctica en simultáneo, se mira Netflix mientras se responde WhatsApp, se revisa TikTok entre capítulos o se chequean redes a la hora del final de un partido. Lo que antes era una distracción ahora es la norma y las plataformas lo saben.
La licenciada en Filosofía Carolina González explicó que esta transición llegó al punto de modificar la estructura de las producciones. Tomó como ejemplo la postura del actor y productor Matt Damon, quien afirmó que plataformas como Netflix ya reformularon el inicio de sus series para retener al espectador durante los primeros minutos. González lo sintetiza: “Los primeros minutos tienen que ser los más fuertes porque si no la gente se distrae y mira otras cosas”.
Esto se relaciona con el fenómeno conocido como second screen, que describe el uso simultáneo del televisor y el celular. Según González, la lógica del multitasking tiene dos caras: “Te permite hacer varias tareas al mismo tiempo, pero también nos bloquea la concentración y nos distraemos”. La consecuencia es directa, cuesta entrar en la experiencia cultural, sostener la atención y registrar sentido.
Tecnología, atención y experiencia: ¿quién usa a quién?
La discusión dejó de ser sólo tecnológica para convertirse en filosófica, es por eso que González plantea la pregunta incómoda: “¿Los dispositivos son instrumentos nuestros o nosotros terminamos siendo instrumentos de los dispositivos?”. La dependencia aparece incluso cuando ni siquiera hay estímulo. “Hay gente que aunque no tiene señal revisa igual el celular. Escrolea buscando algo que no está”, describe.
El fenómeno también afecta la forma en que vivimos el tiempo libre. En eventos culturales o viajes, se multiplican los casos donde se filma sin disfrutar. González lo vivió en primera persona durante sus vacaciones: “No lo disfruté porque era foto tras foto. Quiero volver a ese lugar para disfrutarlo de verdad”, aseguró a modo de referencia. En contraposición, encuentra refugio en espacios sin conectividad. “Cuando no respondo mensajes, mis amigas dicen que estoy en la montaña. Amo ese momento porque no tengo señal”, precisó.
Para la filósofa, el problema no es la tecnología en sí, sino la fragmentación del tiempo y del sentido. La desconexión deliberada aparece como un mecanismo de defensa. “Si no lo hacemos, es como que el dispositivo nos gana”, afirma.
Consumo doble pantalla
Un hábito que también afecta lo social
La doble pantalla no sólo impacta en el consumo cultural, sino también en los vínculos. González señala que la escena es frecuente en bares y casas de familia. “Nos juntamos a tomar un café y cada uno está con el celular. ¿Para qué nos encontramos entonces?”, aseguró. En las escuelas ya se aplican estrategias concretas: los celulares quedan aparte durante el inicio de clase para priorizar la atención sostenida.
El interrogante que deja abierto no es menor: si la doble pantalla ya es regla y no excepción, ¿qué tipo de experiencia estamos construyendo? Por ahora, la reflexión vuelve al punto inicial: en un tiempo donde todo compite por la atención, la concentración se volvió un bien escaso.
Embed - ¿Por qué miramos televisión con el celular en la mano?