El perro, como mejor amigo del hombre, optó por respetar y hacerle caso a los humanos para poder sobrevivir en el cruel mundo. Por eso fue tan fácil para las personas domesticarlo, porque su lealtad y compromiso va más allá del gusto por la buena comida, va en poder vivir una buena vida donde no serán amenazados y maltratados por otros animales, ni los debería ser por sus dueños.

Así como los niños pequeños, los cachorros también deben aprender que en las casas hay ciertas reglas de convivencia que no pueden simplemente pasar por alto.

Por ejemplo, no se puede dormir donde se les dé la gana. Tienen su propia cama o espacio designado donde descansar. También tienen sus propios juguetes. Pero lo más importante de todo es saber que no pueden llegar y orinar donde quieran.

Por supuesto que eso requiere no sólo buen comportamiento por parte del perro sino que también buen entrenamiento por parte de sus dueños.

Y cuando eso no ocurre, una buena idea es enseñarle igual que a un niño: a limpiar sus desastres.

Así lo hizo este perro, quien tras orinar en la cocina, tomó un trapo y secó su orina obedientemente frente a su amo. Luego tomó el trapo y se lo llevó, dejando terminada la tarea.

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