UPD: "Ni libertad absoluta, ni restricción total, la clave es acompañar", aconseja una especialista
ElÚltimo Primer Día (UPD) abre interrogantes sobre el rol de los adultos frente a los excesos y los riesgos asociados, especialmente al consumo de alcohol. Lejos de tratarse solo de una fiesta, el evento concentra emociones, pertenencia y construcción grupal.
“Se creó un ritual, como es propio de los adolescentes. Y como es el último año, todo va a ser lo último y tiene que tener una significancia llena de contenido emocional, social y de pertenencia”, explicó la licenciada en Psicología Berenice Ruesjas (MP 330). Según señaló, el UPD “tiene muchas aristas” y, lejos de reducirse con el paso del tiempo, “se va ampliando y generando culturas nuevas”.
En ese escenario, advirtió, los adultos ocupan un lugar central. “En el medio estamos los adultos que deberíamos acompañar. No irse al extremo del libre albedrío del adolescente creyendo que tiene la capacidad de decidir, ni restringir demasiado y prohibir”, sostuvo.
Embed - BERENICE RUESJAS - PSICÓLOGA MP 330 - Las claves para atravesar en familia el UPD
El equilibrio necesario: presencia y límites
Ante la pregunta sobre cómo encontrar el punto medio, Ruesjas fue clara: “El adulto debe acompañar, tiene que estar presente”. Y fundamentó esa postura en un aspecto clave del desarrollo: “Es una cuestión neurobiológica también. El adolescente no está todavía con la capacidad neurobiológica desarrollada de tomar decisiones”.
Desde esa perspectiva, planteó un interrogante que interpela a las familias: “¿Vamos a dejar a los adolescentes libres de organizar una fiesta donde la intoxicación alcohólica es el principal protagonista? Tiene que estar el adulto”.
La especialista remarcó además la importancia de establecer límites concretos y de recuperar coherencia: “El nombre de la actividad es Último Primer Día, y muchos se pierden de ese primer día por los excesos de la fiesta”, señaló.
UPD
UPD: instalarán un espacio informativo para jóvenes en peatonal Belgrano
Comunidad educativa y red de padres
Para Ruesjas, el UPD también representa una oportunidad de construcción colectiva. “Es una oportunidad para involucrarnos como comunidad educativa, los padres, y preguntarnos qué vamos a construir durante el año para que el UPD del año próximo sea una actividad donde festejen pero que también sean recibidos en la escuela”, expresó.
En ese sentido, destacó la necesidad de ampliar la mirada hacia quienes no participan. “Incluso hay algunos que no van, no asisten a este evento, y eso también debe ser percibido por la red de padres. ¿El que no se integra por qué no va? El UPD significa pertenencia y ese tiene que ser el objetivo para todos”, afirmó.
El trabajo, explicó, debe sostenerse durante todo el ciclo lectivo. “Esto es construcción. No tiene que faltar el diálogo sobre el consumo. El exceso de alcohol tiene que ser controlado. Una red con los padres, turnarse, fiscalizar”, propuso.
Consumo de alcohol y situaciones de riesgo
La licenciada insistió en que el acompañamiento adulto no es opcional. “El adolescente necesita compañía, aunque crea y diga que no”, subrayó.
También advirtió sobre los efectos del consumo excesivo . “El alcohol provoca desinhibición, y esa situación pone a los adolescentes en riesgo: peleas, situaciones incómodas, acosos”, enumeró.
Por eso, concluyó, el desafío es claro: “Es importante hablar con ellos sobre estos temas y establecer compromisos”. Para la especialista, el UPD no debe convertirse en una experiencia marcada por los excesos, sino en un rito de paso cuidado y acompañado, donde la celebración no implique poner en riesgo la salud ni el bienestar de los jóvenes.