El obispo de Jujuy, Cesar Daniel Fernández, estuvo en el programa “Sin Límites”, que conduce Alberto Siufi, y no esquivó ningún tema. Sobre la realidad económica que vive nuestro país, afirmó que “la situación es difícil y habría que redoblar la contención que se hace con nuestra gente”, indicó Fernández.

El Obispado tiene más de 120 comedores que asisten a niños y grandes, lo que demanda un esfuerzo económico extra: “Eso requiere una inversión de parte nuestra, porque el aporte del Estado es exiguo y cada vez alcanza menos”, comentó, y destacó que hay gente que hace donaciones para cumplir con esos compromisos.

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“No hay día que deje de recibir gente pidiéndome trabajo. Hay situaciones dramáticas que te parten el alma y esto va cada vez en aumento”, dijo el obispo, y calificó de “muy preocupante” la situación. Dijo que le sorprende la gestión del Gobierno nacional porque “se supone que es gente inteligente, pero no logran hacer un Gobierno exitoso para los argentinos”.

Igual desestimó cualquier estallido social y marcó diferencias entre esta y otras épocas. “Cuando empieza a escasear la comida y los supermercados retacean los productos, ahí se puede poner más angustiosa la gente, porque la comida es lo primero”, justificó.

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Sobre la tan controvertida ley del aborto legal, no aprobada por el Senado, dijo que todos expusieron su postura, pero cuando lo hizo la iglesia, fue duramente atacada: “Hay un nivel de agresividad porque no se sancionó la ley y eso se lo atribuyen a la iglesia, cuando los fieles hicieron la gestión. Y también gente de otras religiones. Nos sentimos maltratados, hasta llegar a la injuria y el insulto”, lamentó.

Además dijo que destruir lugares sagrados es “muy grave”, y subrayó como vital el dialogo y el entendimiento. “Nosotros defendemos lo que creemos que es un valor importante, la vida”.

Sobre el rechazo a la iglesia y la renuncia de algunas personas, dijo que “me da dolor la apostasía y la gente que quiere renunciar a la iglesia”, pero hizo una autocrítica. “Hay un vacío de parte de la iglesia de no acompañar en el desarrollo y el crecimiento de la fe”, y comentó que “tenemos que hacernos cargo de eso. Este año en nuestras capillas encontrarán que se habla de la transmisión de la fe en la familia”, manifestó.

Sobre el momento que vive el Papa Francisco y algunas críticas que recibe el Sumo Pontífice por la apertura de la iglesia y su mensaje, admitió que “puede ser el momento más complejo de su papado”, pero puntualizó que es la reacción lógica de algunos sectores que entienden el dogma y la doctrina como inamovibles.

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“El Papa define la iglesia como un hospital de campaña, donde hay que curar las heridas de tanta gente, y esto algunos no lo entienden, pero son expresiones minoritarias. En general el mundo está contento con él”. Sobre las críticas que recibe la iglesia, dijo que “tiene dos mil años y salió adelante, con el Espíritu Santo y Jesús, porque es mucho lo que hace la iglesia en el mundo”.

Fernández aclaró que Francisco no le esquiva a ninguna situación, aunque eso le signifique un cachetazo. “Le pasan facturas de décadas pasadas”, dijo, aludiendo a los abusos de miembros de la iglesia, y detalló que hoy existen recomendaciones y un protocolo cuando se detecta un posible abuso: “Modificamos nuestras conductas. Sabemos que son un problema los abusos, pero no es solo de la iglesia, porque en la familia hay muchos casos”.

Sobre el tan debatido celibato, dijo que esa no es una preocupación central hoy de la iglesia y que es un error pensar que con ese recurso se acabarán los abusos. Además admitió que existen también cambios sustanciales de la iglesia en ver algunas cuestiones, como permitir la anulación el matrimonio.

“Se incrementó la gente que pide la nulidad del matrimonio”, dijo el obispo y afirmó que vio casos donde parejas estuvieron casadas diez días, una semana y hasta un día: “Hubo algo que falló cuando pasaron por la iglesia, o fue una decisión precipitada”, y subrayó que las anulaciones de esos matrimonios se hacen cuando los dos están de acuerdo.

Por último dejó una frase, mezcla de deseo y ruego: “Dios quiera que levantemos cabezas los argentinos, como nos merecemos”, concluyó.

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