Semana Santa. 

¿Por qué no se puede comer carne roja?

A pesar de la postura de la iglesia católica, algunos de los anteriores pontífices han tratado de implementar otras formas de ayuno o penitencias. 
Por  Federico Franco

Tradicionalmente, durante la Semana Santa se destinan dos días para no consumir carne roja y, en reemplazo, comer pescado. Ese día es el Viernes Santo y el Sábado Santo, fechas en las que se conmemora la muerte de Jesús.

Sin embargo, cabe resaltar que la Semana Mayor hace parte de la Cuaresma, una celebración religiosa que comienza con el Miércoles de Ceniza (seis semanas antes del Viernes Santo) día en el que los católicos también consumen pescado en lugar de carne roja.

Por lo tanto, además de estos tres días, también se sumarían los otros cinco viernes del periodo de Cuaresma en los que las personas de esta religión no podrían consumir carne roja. A pesar de la postura de la iglesia católica, algunos de los anteriores pontífices han tratado de implementar otras formas de ayuno o penitencias.

El Concilio Vaticano II mencionó: “ha de tenerse como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aún extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo el Domingo de Resurrección, con elevación y apertura de espíritu”.

Este ayuno de carne roja se da porque, de acuerdo al artículo citado, estos días son de luto y las personas deberían mostrar respeto a través de una acción de austeridad en la que no coman este tipo de alimento.

Sobre este tema, en febrero de 2018, el papa Francisco realizó la siguiente declaración mientras celebraba la misa matutina en la capilla de la Domus Sanctae: “El ayuno no es comer los platos de la Cuaresma. ¡Esos platos hacen un banquete! Ayunar no es cambiar los platos o hacer el pescado más sabroso, eso sería continuar el carnaval. Nuestro ayuno tiene que ser verdadero. Y si no puedo hacer un ayuno total (no consumir ningún alimento), ese que nos hace sentir hambre hasta los huesos, al menos hay que hacer un ayuno humilde, pero verdadero”.

A pesar de esto, el Papa Pablo VI resaltó en la constitución apostólica "Paenitemini" que había otras formas de practicar la penitencia y, por ende, la abstinencia de carne podía ser sustituida por la oración u otras obras de caridad. Este lineamiento fue ratificado en 1983 con el Código Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II.

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