Otra causa posible es la anatomía. Un tabique desviado, cornetes agrandados o estructuras débiles pueden favorecer la obstrucción. En estos cuadros, un lado de la nariz se tapa más que el otro y el aire entra con menor fluidez.
Infecciones y otros factores
Un resfriado puede evolucionar hacia un cuadro más largo si la inflamación no baja. Cuando la obstrucción dura más de dos semanas, se evalúa la presencia de sinusitis. En estos casos surgen dolor facial, fiebre o molestias al agacharse.
Algunas medicaciones también generan congestión como efecto secundario. Entre ellas, ciertos antihipertensivos o fármacos usados para otras patologías. Por eso es importante revisar cada tratamiento con un profesional.
Congestión nasal
Congestión nasal.
Cómo aliviar la congestión
El primer paso es limpiar la nariz con suavidad. Los aerosoles de solución salina ayudan a irrigar y eliminar mucosidad.
La hidratación es clave. Tomar agua durante el día mantiene la mucosidad más fluida y facilita su drenaje. Una ducha caliente también abre las fosas nasales por acción del vapor.
Tratamientos posibles
Cuando la causa es alérgica, los médicos suelen indicar antihistamínicos de venta libre para cuadros leves. Son seguros para uso prolongado, aunque siempre se recomienda consulta si se sostienen por más de una semana.
Los aerosoles nasales con esteroides ofrecen alivio duradero y se usan sin riesgo a largo plazo. En cambio, los descongestivos nasales solo se usan por pocos días. Más de cinco jornadas pueden generar el efecto contrario: un rebote que deja la nariz más inflamada que antes.
Cuándo buscar atención médica
Si la congestión afecta la respiración diaria, interrumpe el descanso o se sostiene sin cambios, se sugiere consultar a un otorrinolaringólogo. El especialista evalúa si existe un origen estructural o si se trata de un proceso inflamatorio prolongado.
Cada persona tiene un nivel de tolerancia distinto, pero la consulta oportuna evita complicaciones y acelera el alivio del cuadro.