Dos fronteras, un mismo problema: compras en Bolivia, costo ambiental en el norte argentino
Miles cruzan diariamente a Bermejo y Villazón para comprar más barato. El beneficio queda en Bolivia, el descarte y el costo ambiental en territorio argentino.
En el norte argentino la frontera con Bolivia no es solo un límite, sino un corredor comercial de alta circulación. Entre Aguas Blancas–Bermejo (Salta) y La Quiaca–Villazón (Jujuy), el flujo diario puede superar los 3.000 a 4.000 cruces, con picos que escalan varias veces esa cifra.
Desde Aguas Blancas, el interventor Adrián Zigarán fue directo al describir la lógica. “No nos vienen a visitar a nosotros, van a comprar en Bolivia”, remarcó. Según estimaciones municipales, en fechas de alto movimiento el corredor puede llegar a 20.000 personas en un solo día.
El fenómeno se repite en La Quiaca–Villazón, donde el periodista jujeño Elbio Llampa registró un escenario intenso donde hay familias, grupos organizados, tours de compras y revendedores cruzando a Villazón por diferencia de precios y variedad de productos. La comparación cambiaria sigue siendo central. Llampa explicó que: “Actualmente está en 63 bolivianos, 73.50 en algunas casas de cambio y eso hizo que la gente opte por comprar algunas cosas más en Argentina que en Bolivia”.
La asimetría económica no es el único componente del corredor. La tensión ambiental es el factor menos visible y, según las autoridades locales, el más costoso. Zigarán lo sintetizó sin rodeos al describir el funcionamiento de Aguas Blancas después de un día de compras. “Todos los días que se va la gente dejan un basural. El descarte de caja, embalaje y plástico lo tiran en medio de la plaza nuestra”, reiteró.
Aguas Blancas funciona como estacionamiento, nodo logístico y área de reembalaje, donde se reorganizan cargas para subir a colectivos, camionetas o vehículos particulares. Esa operatoria implica plástico, cartón y bolsas, pero el Municipio asegura que el costo de la limpieza queda exclusivamente del lado argentino.
La postal no es muy diferente en La Quiaca–Villazón, donde el reabastecimiento fronterizo genera residuos y presión sobre el espacio público. Año a año, incluso se generan campañas de limpieza en el río internacional, pero el descuido ambiental persistió a ambos lados de la frontera.
Por su parte, Zigarán remarcó que para los compradores la frontera nunca fue turística: “Es un pueblo de turismo de compras”. No se trata de recreación ni paisaje, sino de abastecimiento, rapidez y precio.
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Cloacales, metales pesados y ausencia de acuerdos binacionales
El aspecto ambiental escala cuando se suman descargas cloacales y la falta de un marco bilateral para gestión de residuos. Zigarán advirtió que el problema excede el plástico: “No solo es chalana. Tiran los líquidos cloacales crudos hacia el lado argentino. En el Pilcomayo viene el objetivo de metales pesados de las mineras que están en Bolivia”.
Desde Aguas Blancas señalaron que no existe un acuerdo binacional que regule cloacales, residuos ni transporte de cargas menores. Tampoco hay un estándar para las chalanas, que continúan operando sin controles homogéneos de seguridad en plena zona fronteriza.
El propio interventor reconoció que el Municipio sostiene la limpieza “como puede” porque carece de herramientas fiscales para financiarla. “De alguna manera vivimos de ese comercio”, admitió.
Tanto en Salta como en Jujuy, la frontera funciona, ante todo, como dispositivo económico. Pero el costo ambiental, operativo y urbano es absorbido por el lado argentino, mientras la ganancia mayor se realiza en el lado boliviano.
Volvieron a funcionar las chalanas en Aguas Blancas